Agentes enmascarados de una fuerza de seguridad supuestamente conjunta trataban de recuperar ayer el control de manos de las guerrillas en las calles de Gaza. El caos ser reavivó a raíz de la dimisión por la mañana del ministro del Interior, Hani Al Kawasmi, que dejaba el Gobierno de coalición palestino al borde del colapso cuando faltan cuatro días para que se cumplan dos meses de su constitución. El propio primer ministro, Ismail Hanniya, asumía provisionalmente la cartera y la primera decisión de atajar la revuelta, que revelaba ayer niveles de tensión máximos entre partidarios de Hamás y Fatá.
Al Kawasmi, que ya intentó dejar el cargo hace dos semanas, renunciaba ayer a su puesto en el Ejecutivo nada más conocer la muerte de dos milicianos registrada de madrugada en nuevos choques entre facciones rivales, que elevan a nueve las bajas en el fin de semana. Y lo hacía asestando un amargo golpe a los islamistas de Hamás y los moderados de Fatá que comparten el poder.
«Desde el principio, he tenido que hacer frente a obstáculos que despojaban a mi Ministerio de sus competencias y dejaban mi posición vacía y sin autoridad. ( ) La situación es muy peligrosa, los acuerdos de La Meca deben ser revaluados», advertía en una rueda de prensa en Gaza, en la que culpaba a los partidos socios de no haber «cooperado» con él «para imponer la seguridad». Y particularmente, a Hanniya y al presidente palestino, Mahmud Abbás.
Y es que, si Al-Kawasmi aceptó ocupar las responsabilidades de Interior con muchas dudas y sólo después de obtener de ambos el compromiso de que pondrían sus respectivas fuerzas al servicio del objetivo superior de la seguridad, sus palabras revelaban que, ni los jefes de Hamás ni los de Fatá, han consentido en renunciar a sus grupos privados armados.
Poderosos rivales
Ni siquiera a cambio de una esperanza de paz. Según funcionarios del Ministerio del Interiorpalestino, Al Kawasmi -independiente, aunque próximo al partido islamista- se enfrentaba a la competencia de poderosos rivales de la formación moderada por el control de sus agentes afines, que siempre se negaron a poner bajo el mando del ya ex ministro palestino.
De la presión que el hasta ahora responsable de Interior ha podido recibir de Fatá da buena cuenta que, horas antes de hacer pública su dimisión, el ex primer ministro Azzam Al Ahmed pedía públicamente su renuncia en una conferencia de prensa celebrada en Gaza, en la que también reprochaba abiertamente a Al Kawasmi haber ordenado la entrega de las armas y equipos de la Guardia Presidencial, vinculada a Abú Mazen y que en todo momento se ha escapado a su control.
La decisión de Hani Al Kawasmi de aceptar la cartera de Interior cerró semanas de incertidumbre, en que islamistas y moderados no fueron capaces de convencer a ningún candidato ni ponerse de acuerdo sobre ningún nombre, a pesar de que entrablaron contactos con media docena de aspirantes.
Su marcha deja en entredicho no sólo al Gobierno, sino también el llamado 'Plan de Seguridad de los 100 días' aprobado el 14 de abril y activado el pasado jueves, fracasado en la franja de Gaza, donde las universidades declaraban ayer el cierre indefinido ante la guerra en las calles vacías por temor a los tiroteos.