El ocio y la cultura han visto aumentar su importancia en la economía debido a la mayor disponibilidad de tiempo libre de los individuos y a sus mayores niveles de renta. Se da la circunstancia de que a esta región llegan fondos europeos y mineros a los que hay que dar un destino, el que sea.
Nuestras autoridades políticas han decidido utilizar esos recursos para crear nuevas infraestructuras culturales. Sin embargo, los fondos europeos se agotan al día de siguiente de la inauguración, quedando pendiente la financiación de la gestión. La gestión del día a día, junto con la oferta complementaria de servicios, es lo que se revela realmente importante a la hora de contribuir al desarrollo económico local.
La fiebre de inauguraciones se basa en la creencia de que los equipamientos culturales pueden regenerar económicamente una región, pero esta afirmación debería ser analizada con un mínimo de rigor. En nuestro país, tres cuartas partes de la población declara, sin empacho, que nunca ha visitado un museo de Bellas Artes. En estas condiciones, pensar que la demanda nacional de este tipo de servicios puede generar un crecimiento sustancial de la economía local a raíz de la instalación de un nuevo equipamiento cultural parece, cuanto menos, muy difícil.
Si la demanda nacional no es suficiente se deberían diseñar y gestionar equipamientos que interesen al resto del mundo; equipamientos que llamen a volver (siempre es más difícil la segunda visita que la primera) y por los que haya gente que esté dispuesta a viajar a nuestra tierra. Para ello, hay que intentar definir políticas culturales y turísticas que puedan tener impacto internacional, lo que requiere librarnos de algunos localismos trasnochados y definir estrategias de carácter regional o suprarregional. No se entiende, por ejemplo, que aún no se hayan diseñado itinerarios conjuntos de arte paleolítico para Asturias y Cantabria. Sirva este ejemplo para evidenciar que queda mucho por hacer, y que, en muchos casos, son más importantes las ideas y la voluntad de cooperar que el dinero.