POR M. F. ANTUÑA Viernes Santo, 11 de la mañana. Cerro de Santa Catalina. Un auténtico aluvión de turistas enfoca al mismo punto, pasea y mira al mar. La escena rememora en cierta forma a aquellos lugares míticos siempre rodeados de cámaras y miradas en los que es imperdonable no posar sonriente. Recuerda casi a las hordas de autobuses que ora enfocan al Sena ora miran a la torre Eiffel. El 'Elogio del horizonte' de Chillida es el destino de los disparos en un día soleado, una obra de arte en sus inicios polémica y hoy incuestionable, convertida en reclamo turístico, en cartel de una ciudad que en los últimos años ha vuelto a poner sus ojos en el arte como apuesta de futuro. Gijón está lejos de París en todos los sentidos, pero ha mirado hacia el centro Pompidou para construir su reclamo de gentes cosmopolitas y a la última. Incluso, ha querido inspirarse en la modernidad neoyorquina del MOMA para crear su 'museo' del diseño.
Laboral Centro de Arte y Creación Industrial abrió sus puertas el pasado 30 de marzo, poco antes de que llegara una Semana Santa de llenazo en los hoteles. Pocos de los que viajaron a Gijón lo hicieron respondiendo a la llamada del arte de vanguardia que se muestra en tres exposiciones bajo unos antiguos talleres de hace medio siglo y un edificio de hoy. Puede que los visitantes no supieran que existía la Laboral. Pero, y ése el objetivo, en el futuro lo sabrán, como hoy saben del 'Elogio'. No obstante, hay una diferencia. La escultura de Chillida ya no cuesta dinero mientras que el Centro de Arte requerirá de inversiones mixtas año tras año para su mantenimiento. En tanto el tiempo lo consolida -o no-, Laboral es en el presente -se visite o no-, un elemento más de una oferta turística que ahora es singular y única. Porque -guste o no- lo que nadie discute es que no hay ningún centro en toda España como el que dirige Rosina Gómez-Baeza.
Turismo e industria
No se espera que Laboral provoque un 'efecto Guggenheim' en Gijón, una avalancha masiva de visitas, porque no es un museo al uso, porque su planteamiento es otro, y porque por muy espectacular que sea el edificio -que lo es- no tiene la firma curvilínea y brillante de la 'megaestrella' arquitectónica Frank Gerhy. Quiere ser reclamo de modernidad, de diseño de primera división, quiere crear industria con el arte como aliado. Y, de paso, atraer visitas que busquen algo diferente, que disfruten de lo alternativo. No quiere la suya ser una oferta al uso, convencional, sino marcar una diferencia respecto a otras propuestas artísticas.
Laboral une turismo e industria y se asienta sobre un proyecto mucho más amplio, la Ciudad de la Cultura, que juega en esa misma liga y que, para demostrarlo, hasta contará con un hotel de cinco estrellas en las instalaciones que en su día diseñara Luis Moya. Compatibilizará docencia con arte y espectáculo -pronto abrirá sus puertas el teatro, en el que lo alternativo tendrá de nuevo hueco destacado- y está llamada a ser otro atractivo más. El último en ponerse ante los ojos de todos, la villa romana de Veranes.
Gijón nunca fue una ciudad clásica y ha puesto su pata en un triángulo artístico asturiano con ánimo de romper moldes. Avilés tendrá su centro Niemeyer; Oviedo iniciará pronto la ampliación del Bellas Artes para lucir como merece la magnífica colección de la pinacoteca regional y Gijón tiene ya su Centro de Arte. Ese triángulo se incluye en esa misma apuesta por vender cultura como marca de calidad. No son las únicas propuestas de una región que este mismo año ha inaugurado el Parque de la Prehistoria de Teverga, que incluye reproducciones facsímiles de la principales cuevas del Arco Atlántico. En 2006 estrenó ya el Museo Jurásico, además de seguir trabajando en Tito Bustillo. La oferta es amplia. Hay quienes piensan que, incluso, demasiado amplia.