El sector apícola español alzó hace semanas la voz de alarma al asegurar que las colmenas corrían peligro por la aparición de algunas plagas, en especial la conocida como nosemiosis cerana, un parásito para el que la abeja española tiene pocas defensas. En algunas zonas productoras del sur algunas explotaciones resultaron afectadas y, a pesar de que hubo quien predijo que esa plaga podría llegar a Asturias y que buena parte de las colmenas podrían correr peligro, no ha sido así.
Por el momento, los apicultores no han notado cambios significativos respecto a otras temporadas. Se pierden algunas colmenas por diversas enfermedades, pero esto ocurre del mismo modo que ha ocurrido siempre. El presidente de la asociación de envasadores de miel de Asturias, Luis Ángel García García, explicó que los apicultores asturianos tratan sus explotaciones especialmente contra una enfermedad, la verroasis, que es la que más las puede afectar.
En cuanto a la nosemiosis, no es una enfermedad nueva en España ni en Asturias, pero sí en la variedad cerana. Se ha importado de Java. En esta isla vive la apis cerana, una abeja de mayor tamaño que la asturiana y que es más resistente a la nosemiosis. Esta enfermedad llegó a España con las abejas de Java y afectó de forma más dañina a las colmenas locales, mucho menos resistentes.
El Principado, pese a que se ha librado de esta plaga, tiene una diversidad considerable en sus colmenas que impide dar datos absolutos. Los que se conocen son los de los apicultores profesionales, que dedican tiempo, técnica y esfuerzo a sus explotaciones y consiguen mantenerlas en buen estado.
El número de estas explotaciones, algunas de tamaño considerable, con 700 o 1.000 colmenas, es muy reducido, de poco más de una decena. A parte hay muchos pequeños colmenares cuidados de forma muy diversa por aficionados. Las hay muy mimadas y las hay en un estado cercano al abandono. De los cuidados depende, en buena medida, el estado de su salud. Y también de la pericia del apicultor, que en ocasiones puede desconocer el tipo de enfermedad que sufre una colmena o, si la conoce, no sabe de qué modo ponerle freno.
Otro problema muy de actualidad que sí afecta a la producción asturiana de miel es el clima. En 2003, por ejemplo, tuvo lugar una de las peores cosechas de los últimos años. El mal tiempo estropeó entonces la floración de los árboles, especialmente la de los castaños, que estropeó toda la cosecha. Las heladas en la época de floración u otros desajustes climáticos afectan de forma considerable a las abejas, animales muy sensibles a estos cambios.
En los últimos años, la producción volvió a establizarse, gracias a que el tiempo fue más benévolo. Los datos apuntan a una media anual de 500 toneladas de miel, pero siempre son estimativos, ya que no hay un registro preciso de toda la producción.