Miércoles, 16 de mayo de 2007
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LA ESBILLA
Agroenergéticos
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La pasada semana la empresa francesa de automoción Renault, anunció la motorización de dos de sus vehículos más populares, el Clio y el Megane, con motores adaptados para el uso de bioetanol. Un dato más que contribuye a que la producción de biocarburante en la Unión Europea (UE) sea una opción esperanzadora para una parte importante del sector agrario. En la Europa de los quince se necesitan entre 15 y 18 millones de hectáreas de cultivos energéticos para ser autosuficientes. De esta forma se produciría en nuestro territorio el biocarburante necesario para cubrir el 10% de la demanda de combustibles, que es el objetivo planteado por la UE para 2020. La producción sería rentable gracias a una ayuda de 45 euros por hectárea que concede la Comisión, pero con un tope máximo de 1,5 millones de hectáreas. Una buena opción, para unos pocos, si se mantiene la producción por debajo de la superficie máxima garantizada. El resto se obtendría de importaciones de Estados terceros, muchos de ellos con acuerdos preferenciales que les permiten exportar a la UE cultivos energéticos sin arancel. La Comisión es consciente de esta debilidad, por lo que estudia aumentar la superficie garantizada e incrementar la variedad y mezcla de aceites autorizados.

Al principio los productores serán beneficiarios del total de la ayuda, además de estar cubiertos por un contrato tipo homologado, imprescindible para poder obtenerla. Por otro lado, se puede cultivar en tierras retiradas de la producción, por lo que pueden acumular las dos ayudas y volver a producir; un efecto secundario no deseado. En definitiva, a corto plazo, el sector agrario debe aprovechar su situación preferente, posicionarse en el mercado y rentabilizar estas producciones emergentes. A medio plazo habrá que esperar la respuesta del mercado, que si consigue los objetivos de consumo de la UE, puede ver incrementada la oferta y reducidos los márgenes de los agricultores. A largo plazo, no hay que olvidar que se trata de producciones subsidiadas que pueden ser susceptibles de discusión en las organizaciones internacionales que velan por el libre comercio. No obstante, la necesidad de autoabastecimiento energético, igual que debería suceder en el caso de la alimentación, son razones suficientes para mantener y reforzar esta importante alternativa de la política agraria europea.

Por otro lado, se producen dos efectos secundarios. La cara de la moneda es el sector cerealista, que consigue una mejora del mercado al ampliar la demanda, lo que en una primera fase va a incrementar los precios. La cruz la tiene el sector ganadero, que está padeciendo una importante subida del precio de los piensos, como consecuencia de las altas cotizaciones del cereal. Situaciones actuales que todavía no marcan una tendencia, pero que es necesario vigilar. Todo esto en un año en que se prevé un incremento del 17 por ciento en la cosecha de cereal español, según el primer avance publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. En total, 18 millones de toneladas que llegarían en buen momento. MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL CAMPO en EL PROGRAMA LA TRILLA (FM 97.9 DEL DIAL). DOMINGOS DE 8 A 9 HORAS

 
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