Las células madre aventajan, al menos de momento, a otros tratamientos experimentales a la hora de recuperar corazones de pacientes infartados. Esta técnica, que el Hospital Central de Asturias ha estrenado en un paciente de 60 años -con una intervención practicada el pasado 27 de abril- comienza a apuntar resultados ciertamente alentadores. El Hospital Reina Sofía, de Córdoba, que ensaya desde 2005 un tratamiento similar al implantado en el Central, acaba de dar a conocer los últimos datos de este tratamiento clínico, con el que se busca recuperar la función cardiaca en corazones que hayan sufrido un infarto grave.
El estudio del centro andaluz, al que ha tenido acceso EL COMERCIO, revela que al cabo de tres meses los pacientes que recibieron un implante de células madre procedentes de su propia médula ósea muestran una mejoría cardiaca más que sensible.
Los enfermos a los que se les trasplantó células adultas de su organismo lograron «un incremento neto del 20% en su fracción de eyección» (contracción del músculo del corazón) frente al 6% de mejoría que otros pacientes también infartados obtuvieron sin apenas tratamiento (por vía natural) o el 4% conseguido por otro grupo al que se le infundió un estimulante celular por vía subcutánea.
Para la confección de este trabajo, el más novedoso de los realizados hasta la fecha en España, se estudió la evolución de un total de 30 enfermos que habían padecido un infarto agudo de miocardio. Se trataba, en todos los casos, de pacientes con el corazón muy dañado, ya que su capacidad coronaria estaba en el 45% (la función normal de eyección se sitúa entorno al 70%).
12 pacientes seleccionados
El ensayo que lleva a cabo el hospital cordobés muestra muchas similitudes con el que acaba de poner en marcha el Central. La diferencia estriba en que en Asturias los pacientes seleccionados tienen una función cardiaca algo más comprometida, puesto que se elige a enfermos cuya corazón esté funcionando por debajo del 35% (en Córdoba es del 45%), y con una evolución mayor en el tiempo (infartos de más de seis meses).
El estudio, que aparece en la última edición de la Revista Española de Cardiología, está firmado por el cardiólogo José Suárez Delezo, además de por el equipo de hematología del Reina Sofía. Para realizar esta investigación, el hospital creó tres grupos de enfermos. El primer colectivo lo componían diez enfermos a los que se les infundió en la zona dañada del corazón las células madre procedentes de su médula ósea. La transferencia se llevó a cabo siete días después del ataque coronario. El segundo colectivo lo conformaban otros diez infartados a los que se les suministró por vía subcutánea un estimulante celular. En este caso, el material no fue directamente inyectado en el corazón, sino al organismo. El tercer y último grupo lo componían otra decena de enfermos que no fueron sometidos a ningún tratamiento.
Tres meses después, los médicos concluyen que son los pacientes que recibieron células madre de su médula ósea los que muestran una mejoría en su dañado corazón. Precisamente, este es el objetivo que busca, con el ensayo clínico que acaba de anunciar, el Hospital Central de Asturias. Para ello, ya tiene seleccionados doce pacientes. Uno de ellos, un varón de 60 años y con un infarto grave sufrido hace seis meses, fue el primero en someterse a esta técnica. Ocurrió en la jornada del pasado 27 de abril, aunque el hospital no reveló estos hechos hasta el pasado lunes. El paciente se recupera ya en casa tras permanecer ingresado 48 horas, «más por precaución que por necesidad», aclara el responsable de la Unidad del Corazón del Central, César Morís de la Tassa.
Dicho facultativo asegura que el enfermo se encuentra «estupendo» y que no ha sufrido ninguna contraindicación ni problema añadido en estos días.
Los trasplantes de células madre adultas, que se desarrollan en Asturias en fase experimental -insisten en remarcar sus promotores-, atesoran varias ventajas. Por una parte, «no tenemos que enfrentarnos al debate y los problemas que confiere el uso de otro tipo de células, como son las embrionarias», apuntó Morís. Además, por tratarse de material celular del propio enfermo «no genera rechazo» y los pacientes no se ven obligados a ser tratados con fármacos inmunosupresores, como sí ocurre con los trasplantes de órganos.
El proyecto, valorado inicialmente en 75.000 euros, está financiado por la Fundación Mutua Madrileña. El ensayo en pacientes infartados es uno más de los que tiene en marcha el Hospital Central y la Unidad de Trasplantes y Terapia Celular, que también trabaja en nuevas líneas de investigación para tratar lesiones medulares y realizar nuevos implantes de islotes pancreáticos.
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