Miércoles, 16 de mayo de 2007
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GIJÓN

AL AIRE
Latinos (I)
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Quienes mejor lo conocen afirman que a sus variopintos conocimientos une la cualidad de la listeza. Me refiero al erudito búlgaro-astur Orutra Saira, de quien comenta su amigo y colega de la filosófica Escuela Peripatética de Caleya Julián de Cimavilla:

«Este hombre ye muy listu: ¿sabe latín!».

Y vaya que si lo sabe. Sirva como prueba la anécdota acontecida años atrás, cuando nuestro hombre hizo también gala de un cinismo político epatante en ocasión de uno de los sermones pronunciados por José Ángel Fernández Villa en Rodiezmo, en un tiempo en el que las familias socialistas andaban a la greña sin disimulo. Al concluir el líder minero un discurso jalonado de pullas contra Tini Areces, Orutra felicitó efusivamente a Villa al tiempo que le comentaba:

«La precisión y agudeza de tus críticas me recuerda a las esgrimidas por Cicerón contra el senador Catilina, o sea, las famosas catilinarias, que, en este caso, bautizaré como 'catininarias'. Y aún diría más: ¿Quosque tandem abutere patientia nostra, Tinín? ('¿Qué ye, ho?', preguntó Josiángel mosqueado. Y Saira le tradujo: '¿Hasta cuándo vas a abusar de nuestra paciencia, Tinín?)». Poco después se hizo el encontradizo con Areces y le espetó refiriéndose al del SOMA:

«Este hombre es una auténtica cruz, un calvario, un 'Villa Crucis'. Pero no te preocupes, presidente, porque tus obras perdurarán en el recuerdo y no así sus comentarios: 'Verba volant, facta manent', o sea, que desaparecen las palabras y permanecen los hechos».

Pero Orutra Saira es un latinista en la doble acepción de cultivador de la lengua y de la literatura latinas. Así, últimamente hállase enfrascado en la lectura de la obra de Lucilio Cecilio Firmiano, por alias 'Lactantius', un escritor de origen africano al que el emperador Constantino encargó la enseñanza de su hijo Crispo. Fue Lactancio un gran poeta apologista del cristianismo y un agudo crítico de los excesos cometidos por ciertos emperadores romanos, en especial los del llamado Galerio, que cobraba hasta por respirar, un verdadero precursor de las ORAS (pro nobis), de los 'multamóviles' y de otras ilicitudes por el estilo.

Recientemente, y en el transcurso de una caminata filosófica organizada por la escuela mentada en la que se hablaba de la indiferencia con la que los veedores televisivos contemplamos las más crudas realidades (Continuará)

 
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