Cuando Luis de Garrido, arquitecto que ha creado la casa R4House, habla de su último trabajo, no puede reprimir el entusiasmo: «Sólo quería demostrar que las cosas pueden hacerse de otra manera -clama-. Porque llevan años y años engañándonos».
-Imagine que es usted empleado de una inmobiliaria. Véndame la casa sostenible.
-Le diría que es la respuesta a sus sueños.
-Eso ya lo he oído antes.
-¿Pero esta vez es verdad! R4House es 100% ecológica, no consume energía, no genera residuos, es 'convertible', lo que quiere decir que para hacer reformas no hace falta tirarlo todo. Barata, se limpia fácil Es perfecta.
-Qué va a decir usted, que es el padre de la criatura.
-Mire, me he pasado por la muestra de incógnito para ver qué decía la gente al ver las dos casas R4House que he hecho, una grande y otra más pequeña y sólo he oído cosas buenas. No se podían creer que estuviesen hechas con contenedores, les parecían preciosas. Cuando las ven se olvidan de la ecología y de todo, sólo ven un lugar donde les gustaría vivir, y eso es bueno.
-Si todo es tan fácil, tan bonito y a la gente le gusta tanto, ¿por qué el mercado inmobiliario está como está?
-¿Ay! Ahora hace falta que se desmonte toda la estructura que se ha generado en torno a la vivienda y que hace que una persona pague por una casa cinco o seis veces más de lo que vale.
-No va a hacer usted amigos entre los constructores.
-Me temo que los constructores querrán dejar mi trabajo en una mera anécdota, que se olvide cuanto antes. A mí, por supuesto, me encantaría que no fuese así. Yo sólo he pensado en la gente y en sus necesidades. Y, aunque sea tirar piedras contra mi propio tejado, no ha sido difícil. Si apartas la idea de ganar dinero a lo bestia, se puede hacer vivienda sostenible. Un promotor gana un 35% de beneficio a costa de la infelicidad de la gente y sólo con que se embolsasen el 20% todo sería muy distinto. Además, muchos se han hecho ricos vendiendo casas malísimas. Es que, además de caras, el 99% de las casas del mercado son terribles.
«No quiero ser aguafiestas»
-Cuando un amigo le enseña su piso nuevo, ¿le da su opinión sincera?
-Les pido por favor que no lo hagan, porque no quiero ser aguafiestas. Mala orientación, defectos de construcción, falta de ventilación y de luz natural ¿Se ve cada cosa!
-Es lo que hay.
-Pero es que nos han estado vendiendo motos toda la vida, porque las cosas no tienen por qué ser así. Por ejemplo, todas las ventanas las hacen de PVC o aluminio, pero, ¿por qué no las hacen de madera? ¿qué lo impide? Y luego están todas esas pinturas y barnices que pueden resultar tóxicos y que se utilizan constantemente. Para todo hay alternativas, lo que pasa es que hay muchos intereses en juego. Hace falta más voluntad política y presión social, porque muchas veces la batalla de la sostenibilidad se pierde en los despachos de constructores y concejales.
-¿Predica usted con el ejemplo? ¿Su casa es impecable?
-Mi casa de Valencia la diseñé yo y también es sostenible. Aunque se puede mejorar. En una escala de 1 a 10 le pongo un 8 o un 9.
-¿Nunca se queda contento?
-Bueno, ahora sí.