El Hospital de Cabueñes intenta poner remedio al sufrimiento del paciente. Tras varios meses de trabajo, ayer se presentó al personal sanitario del centro el 'Protocolo de sedación al final de la vida', unas pautas generales que tienen como objetivo «mejorar la atención a los enfermos terminales y concretar las normas de la buena práctica médica». Se inicia así el periodo de alegaciones y propuestas con las que se dará forma al documento final, que se hará público después del verano para ponerse en marcha a principios del próximo año.
«No pretende incrementar el número de sedaciones en el hospital, trasladar la responsabilidad de prescripción médica o reglamentar el suicidio», explicó Mariano Lacort, especialista en Medicina Intensiva y encargado de dirigir el proyecto. Junto a él, han participado en la redacción del trabajo los facultativos Belén de la Fuente, Gerardo García, Clavel Arce y Manuel García.
La propuesta surgió de la dirección del centro y puso sus bases en los resultados de una encuesta realizada entre más de 300 trabajadores sanitarios del hospital. Tras analizar las conclusiones se comprobó que el 99% de los encuestados estaban a favor de la sedación irreversible en caso de que el paciente presentase sufrimiento físico. El porcentaje se reducía hasta el 85% si se trataba de sufrimiento psíquico en el enfermo. «La medicina debe perseguir algo más que la curación de la enfermedad y el alargamiento de la vida; cuando ya no se puede curar, no se puede mirar para otro lado, hay que procurar la muerte tranquila de los pacientes», considera Lacort.
Para ello, el primer aspecto del protocolo se centra en valorar qué tipo de pacientes son susceptibles de sedación. Se clasifican en cuatro categorías: los enfermos a los cuales habría que hacer un esfuerzo total para salvarles la vida en caso de que surgieran complicaciones -el 98% de los ingresados-; los pacientes a los que no se reanimaría si existiese una parada cardiorespiratoria; los enfermos que no deben ser sometidos a medidas extraordinarias porque su salud está muy deteriorada y los que son objeto de cuidados terminales. «La sedación irreversible se puede hacer sólo en las dos categorías que presentan peor pronóstico y en donde existen síntomas refractarios», remarcó Mariano Lacort.
«No es una eutanasia»
El equipo redactor del protocolo lo tiene claro. «No se trata de una eutanasia; la sedación es una práctica correcta y si no se hace, el facultativo está haciendo las cosas mal», explicó el especialista en Medicina Intensiva. La sedación irreversible requiere el consentimiento de la familia o del propio enfermo si se diese el caso. Si las personas autorizadas por el paciente se muestran contrarias, «tienen que dejarlo por escrito para que luego no haya problemas».
Esta práctica se realiza solamente si no existen esperanzas factibles de reversibilidad. «En caso de una duda razonable, las decisiones se deben tomar a favor de la vida», apuntó Lacort.
La puesta en marcha del 'Protocolo de sedación al final de la vida' pretende erradicar la concepción de los trabajadores sanitarios del centro. El 91% considera que en el Hospital de Cabueñes se producen fallecimientos con sufrimiento evitable. «Se busca poder morir tranquilo», resume el doctor.