Está relajado. Sonriente. Emocionado, dice, con las despedidas que le están llegando por parte de gente desconocida. Jesús Morales Miravalles, concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Gijón durante 20 años, sigue firmando expedientes en su despacho abarrotado de papeles y, a pocos días vista de abandonar la plaza Mayor, tiene hecho el balance y dice que es positivo. No da consejos, no deja herencias, no quiere homenajes y hoy, cuando unas 340 personas se reúnan en la espicha de despedida, «que no homenaje», sólo dará las gracias.
-¿Cómo se viven los últimos días después de 20 años?
-Bien, muy bien. Tranquilo.
-¿Hay vida después de la Concejalía de Urbanismo?
-(Risas) ¿Faltaría más! Lo que está claro es que estos 20 años no me los quita nadie, teniendo en cuenta que es una dedicación tan singular, tan absorbente, tan bonita. Ya se puede decir que ha sido la etapa más importante de mi vida en muchos aspectos.
-Nunca se sabe...
-(Risas). Ya ya, pero siendo realistas... Pero estoy muy contento de haber tenido esta oportunidad, de haber podido trabajar en un tema tan bonito y tan apasionante. Porque el balance global, al menos el que sale en mi cabeza, aunque obviamente eso es subjetivo, es un balance positivo.
-Ya dice usted que es subjetivo.
-Habrá de todo, faltaría más. Pero hay mucha gente que comparte la opinión de que fue un trabajo positivo para la ciudad. Estos días, por la calle, gente que no me conoce personalmente se me acerca a despedirse y a agradecerme el trabajo hecho. Y eso es muy emocionante y el mejor reconocimiento que se puede tener.
-No sé si se acuerda de todos los proyectos que han pasado por sus manos en este tiempo. Supongo que, al menos de los grandes, sí.
-Ya está todo tan hablado...
-Bueno, destaque alguno, del que se sienta más orgulloso.
-Tuve la suerte de entrar en el Ayuntamiento justo en el momento en el que se empezaba a aplicar el primer Plan General de Ordenación Urbana de la democracia. Aunque a veces pueda parecer más espectacular una obra, lo realmente importante es eso, que desde entonces se impusiera entre todos los agentes que desarrollan el urbanismo unas reglas de juego muy claras, una especie de 'constitución' urbanística. Las discusiones previas al primer plan fueron lógicamente polémicas.
Sin autocrítica
-Eso le ha perseguido los 20 años.
-Ya, ya, pero luego eran quejas de particulares defendiendo su parcela. Pero todo el sector entendió entonces que la norma era aquella y que iba a misa.
-¿Hay algo de lo que arrepentirse, que le hubiera gustado hacer o decir de forma distinta?
-(Risas). No. Eso de las autocríticas no me gusta. Nunca fue conmigo esa historia. Además, suelo olvidar las cosas malas.
-Se ha visto envuelto en muchas polémicas.
-Faltaría más. El urbanismo es polémico porque sí, y en estos 20 años, además de llevar Urbanismo, fui portavoz del grupo en el Pleno, he seguido siendo portavoz de la junta de gobierno... Así que siempre me tocó polemizar con el PP, forma parte de la tarea.
-¿Qué es más difícil de llevar manifestaciones de miles de vecinos o que la oposición hable públicamente de su familia?
-Yo, manifestaciones de vecinos no tuve ninguna.
-No me diga...
-Recuerdo algunas de propietarios de solares que querían edificar.
-Vecinos de Gijón.
-También son vecinos de Gijón, faltaría más. Pero yo, por opiniones vecinales entiendo otra cosas, discrepancias en cuestiones generales, no temas de interés particular.
-¿Y la otra cuestión?
-Que el PP, por primera vez en estos 20 años, haya intentado ensuciar la gestión de este concejal metiendo por el medio a la familia, me parece de una bajeza que se juzga por sí sola. A pesar de que políticamente tuve enfrentamientos duros con anteriores portavoces del PP, jamás se había dado una situación como ésta. La actual candidata y su equipo demostraron una catadura moral que lamento.
-Tampoco ha evitado el enfrentamiento con gente de su partido, especialmente del Principado.
-No sólo yo, también la alcaldesa, tenemos muy claro que estamos en el Ayuntamiento, elegidos por los gijoneses, para defender a esta ciudad, y si hay alguna actuación, sea del color que sea, que sea negativa para Gijón, lo decimos.
-¿Y qué deja pendiente?
-Yo nada, nada.
-Bueno, ¿qué le hubiera gustado hacer y no ha dado tiempo?
-Tengo que decir que nada, porque si digo que dejo algo pendiente me van a decir que por qué no lo hice. Creo que es el momento adecuado para dar el relevo a otras personas, considero que acabé mi etapa y lo que queda pendiente no para mí, sino para Gijón, que siempre tendrá cosas pendientes, será muy bonito para otras personas.
-Hace unos días comentó que le hubiera gustado aprobar de forma definitiva el plan de la ería del Piles.
-Bueno, pero ese tema estaba ya cerrado, y sólo por dos días no dio tiempo a llevarlo al Pleno. Pero todas las cosas que están en marcha son proyectos apasionantes para el próximo equipo. Yo tengo muy claro que llego hasta aquí y lo demás lo harán los demás muy bien, seguro que mejor que yo.
-O no.
-No empecemos (carcajadas).
-Seguro que ya sabe quién va a ser su sucesor.
-Le juro que no. Me lo preguntan mis colaboradores día tras día, y eso lo dirá la alcaldesa en su momento. Ni pregunté ni pienso hacerlo.
-¿Se atreve a dar consejos?
-Qué va. Cuando uno se va de un sitio, se va.
-Pero se los pedirán.
-Bueno, eso es otra cosa. «Oye, ¿dónde quedan no sé qué papeles?» «Oye, Manolito dice que le prometiste tres alturas más ¿es verdad?» Me llamarán para preguntar, será mentira y hasta ahí.
-Pero de la política no se va.
-Para alguien que cree en la política, que está convencido, eso es para siempre. Lo digo en ese sentido, y no porque vaya a tener ningún cargo institucional, eso no he pretendido sugerirlo.
-Pero no descarta tenerlo.
-Lo único que descarto es que vaya a trabajar en temas de urbanismo en una empresa privada, que quede claro. Salvo eso, ya veremos en qué puedo colaborar.
-Decía que aquí no se viene a hacer amigos.
-Hombre, amigos se hacen unos cuantos. Me está llamando mucha gente estos días. Sí se pueden hacer amigos de verdad, personas que no te vienen a pedir favores por el interés personal.
-Muchos de ellos estarán mañana (por hoy), en la despedida. Y eso que avisó de que no quería homenajes.
-No tengo ni idea.
-Sé que sí y usted también. ¿Qué les va a decir?
-Yo qué sé. Gracias y nada más.