Dice Joaquín Hernández que es «uno de los pocos afortunados que puede vivir del cuento, pero del cuento de verdad». Con la compañía Tragaluz lleva casi dos décadas subido al escenario y acompañado, únicamente, por sus títeres y por los personajes imaginarios que revolotean en las mentes de todos los que le escuchan. Recientemente ha presentado en el Centro Municipal de El Coto sus 'Cuentos sin perdices' que, como todas sus historias, buscan «crear algo diferente, en los que un actor cuenta cuentos para niños y adultos».
-¿Por qué sus cuentos no tienen perdices?
-Porque no siempre fueron felices. Son tres historias en las que se reinterpretan tres cuentos de Andersen de toda la vida. Por ejemplo, en uno de ellos el príncipe le dice a la princesa que no le interesa como persona ya que ésta es muy superficial. Siempre intento que haya un trasfondo en la historia en clave de humor.
-¿Reinterpreta a los clásicos de los cuentos o sus representaciones también incluyen a otros autores?
-A partir de un cuento nace una historia diferente, pero también a partir de cualquier cosas que encuentre, una noticia de un periódico... Por otro lado, he trabajado con textos de autores asturianos como Adolfo Camilo Díaz.
-¿A qué publico van dirigidas estas historias?
-Por lo general trabajamos para un público infantil familiar, el de niños y niñas que vienen con sus padres a ver el espectáculo y a partir de seis años, porque es cuando empiezan a comprender parte del texto y porque la historia, al fin y al cabo, también es un cuento para el niño que llevamos todos los adultos dentro. Lo que pretendemos es llevar alegría e ilusión al corazón de la gente.
-¿Qué prefiere entonces, un público de adultos o de niños?
-Lo que está claro es que este público familiar es el mejor y más agradecido, porque la actuación les gusta tanto a padres como a niños. Pero siempre te llevas una sorpresa muy agradable cuando ves que un adulto se mete totalmente en la historia y se emociona, y cuando todos se sorprenden porque una señora mayor ha dicho algo, como si fuese una niña.