Fue a pasar consulta y regresó a casa con tres dedos rotos. El psiquiatra Guillermo Rendueles, profesional de reconocido prestigio en la región por su vasta trayectoria laboral, fue agredido el miércoles por un paciente de 50 años en el ambulatorio de Pumarín. Los hechos se produjeron a las 9 de la mañana en el centro sanitario cuando el agresor, A. A. A. B., accedió a las instalaciones «en estado de excitación y con signos evidentes de nerviosismo», según quedó recogido en el parte policial.
Al entrar en la consulta de Rendueles, el hombre exigió que se le facilitase una baja laboral y amenazó con matarle si no la cursaba de forma inmediata. Debido al estado de alteración que presentaba el paciente, el doctor se dispuso a salir del despacho para avisar a los servicios de seguridad. En ese momento, el agresor se abalanzó sobre él y ambos cayeron al suelo.
Personal de seguridad del ambulatorio, así como otros pacientes, corrieron a socorrer a Guillermo Rendueles y lograron inmovilizar al individuo, quien continuaba profiriendo insultos y amenazas de muerte. Lo retuvieron hasta la llegada de una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía.
Cuchillo de 14 centímetros
En el cacheo practicado, se le encontró un cuchillo de 14 centímetros de longitud escondido en el interior de la chaqueta. Tras ser detenido, el individuo fue ingresado en el área de Psiquiatría del Hospital de Jove. Contaba con antecedentes por delitos de lesiones.
Por su parte, el facultativo fue curado de sus heridas y presentó una denuncia en la Comisaría. Sin embargo, rehusó hacer declaraciones al considerar que «se trata de un asunto privado que tiene que ver con la profesión». Guillermo Rendueles, de 59 años, es uno de los más reputados psiquiatras de la región. Ejerce como médico en el ambulatorio de Pumarín y como profesor asociado de la UNED en Asturias. Durante diez años, fue profesor de Psicopatología de la Universidad de Oviedo y, además, ha publicado la obra 'Egolatría', en la que analiza la identidad personal en las sociedades modernas.
El violento episodio ocurrido el miércoles en Pumarín devuelve a la luz pública la polémica de la seguridad en los centros médicos y trae a la memoria el trágico suceso que tuvo lugar en el Hospital Adaro, en Langreo, el 8 de noviembre de 1999. Ese día, el psiquiatra Gimeno Tejedor fue asesinado por el padre de uno de sus pacientes, quien le solicitó que firmara una documentación con la que pretendía obtener la pensión de su hijo. Ante la negativa de acceder a su petición, Juan Valiente, de 71 años, le asestó dos puñaladas que le provocaron la muerte. El asesino tenía «sus facultades mentales alteradas sin que estuviese diagnosticado».