Viernes, 18 de mayo de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

ÁLVARO RUIZ DE LA PEÑA, DIRECTOR DEL INSTITUTO FEIJOO DEL SIGLO XVIII
«El lugar natural del Instituto Feijoo es la Casa de Jovellanos»
«Queremos hacer del Instituto un referente, sacarlo del gueto académico y mostrarlo a la sociedad» El centro ya trabaja en las obras completas del sacerdote
«El lugar natural del Instituto Feijoo es la Casa de Jovellanos»
HISTORIADOR. Álvaro Ruiz de la Peña, en la sede actual del Instituto, en el campus ovetense del Milán. / MARIO ROJAS
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Álvaro Ruiz de la Peña (Oviedo, 1945) dirige desde diciembre de 2006 el Instituto Universitario Feijoo, que, con más de medio siglo de historia y un prestigio ganado a pulso, pretende mudarse de Oviedo a Gijón con el ánimo de crecer y desarrollarse en un lugar ideal para una entidad que estudia el siglo XVIII de los ilustrados. La Casa Natal de Jovellanos es su destino, tal y como ayer adelantó EL COMERCIO.

-Empezamos por el principio. Defina el Instituto Feijoo del siglo XVIII.

-Es una derivación de lo que en 1954 instituyó el Ayuntamiento de Oviedo como Cátedra Feijoo, que tenía como finalidad difundir las ideas del padre Feijoo. Y lo que en principio era una recordatorio hacia su figura fue desarrollándose, ampliándose hasta que hacia 1973, José Miguel Caso, el primer director de lo que es ahora el Instituto, convirtió eso en Centro de Estudios del siglo XVIII. Se convierte así en un brazo editorial, de investigación, que se dedica a poner de acuerdo todas las investigaciones dieciochistas. Después, adquirió el rango de Instituto Universitario.

-¿Qué lugar ocupa en el contexto nacional?

-Es la sede puntera de las investigaciones dieciochistas en España. No hay ninguna otra universidad española que tenga un grupo de trabajo dedicado a los estudios de la Ilustración española.

-En el Instituto no sólo hay investigadores de la Universidad de Oviedo, sino de otras muchas.

-Sí, hay especialistas franceses, americanos, ingleses, japoneses, algún africano. Tenemos un investigador de Gabón que trabajó sobre Feijoo.

-El Instituto nace en Oviedo y pronto se trasladará a Gijón. Es además una idea ya vieja que ahora parece que se hará realidad. ¿La Casa Natal de Jovellanos es quizá el lugar natural para el Instituto?

-Es el lugar natural del Instituto, efectivamente. La Casa Natal de Jovellanos tiene ahora mismo unas funciones que no tienen mucho que ver con la figura de Jovellanos, así que en el futuro nos gustaría restablecer a esa casa museo algunos de los pocos muebles u objetos personales que puedan quedar de Gaspar. La cama está en Luarca, en Puerto de Vega todavía hay algunas cosas, así que se trataría de reunir todo eso y poder reproducir un gabinete estudio de Gaspar.

-¿Cuando comienza a plantearse el traslado?

-Es algo relativamente reciente, otra cosa que es que José Miguel Caso siempre albergara en su momento la ilusión de conseguirlo. Pero entonces no tuvo ningún apoyo. La cosa estaba muy en mantillas y se fue dejando.

-O sea que Caso es el primer impulsor de la idea.

-Claro, él estaría encantado.

-Y se retomó la idea...

-Nosotros hace tres años empezamos a movernos otra vez, hablando, primero informalmente, con Javier Rodríguez, de la Alcaldía, con Paz Fernández Felgueroso... Siempre existía esa posibilidad pero nunca había un compromiso explícito y parece que ahora lo hay.

-Falta saber cuándo.

-Eso es algo que dependerá únicamente del Ayuntamiento de Gijón. Una vez que vacíe la Casa Natal y lleve la pinacoteca para la Tabacalera, nos iremos para allá.

Guerra de ciudades

-¿Teme una guerra Oviedo-Gijón?

-Si esto se ve como un desembarco será una mala cosa, y si desde Oviedo se ve como un resultado más del cerco a la capital, también sería una mala cosa, porque no hay nada de eso. Nosotros no queremos hablar de traslado, queremos hablar de que la Universidad tiene campus en tres ciudades asturianas, Oviedo, Mieres y Gijón, de forma que ¿qué más da que esté aquí o allí? Tendrá que estar donde se le ofrecen unas mejores garantías de permanencia y estabilidad y donde haya un espacio digno en el que se pueden desarrollar actividades que aquí no podemos hacer. No podemos hacer cursos para adultos ni cursos de verano ni cantidad de cosas que sí podríamos hacer en Gijón. Porque es un sitio grande y céntrico y encima el símbolo de la cultura ilustrada, no sólo en Asturias sino en España.

-Pues el Ayuntamiento de Oviedo ya habla de cerco a la capital. ¿Cree que podría haber una marcha atrás?

-No, marcha atrás creo que es imposible, porque están de acuerdo Principado, Ayuntamiento y Universidad... Lo que puede haber son batidores que anden por ahí tocando el tambor de la discordia. Hay que recordarle al Ayuntamiento de Oviedo que, en el cincuenta aniversario de la Cátedra Feijoo, Alfonso Román López nos retiró la subvención de un millón de pesetas que teníamos. Eso para nosotros supuso un golpe bajo tremendo y una muestra de desinterés con el Instituto Feijoo absoluta. Así que si sólo se vienen a quejar porque nos vamos, pues sí, mire, nos vamos porque nos ofrecen unas condiciones mucho mejores. ¿Quién niega la posibilidad de mejorar?

-Batallas al margen. La actividad del Instituto se va a multiplicar. ¿Qué planes hay?

-Hacer una biblioteca especializada sobre lo que es la Ilustración asturiana, recogiendo toda la bibliografía, recopilando los materiales... Queremos hacer una investigación sobre los fondos de la Ilustración asturiana, que no hay nada hecho, porque todo el material está disperso y sin catalogar. Tenemos esa pretensión y esa pretensión se consigue con dinero, porque habrá mucha gente que no quiera ceder o donar, sino vender. Eso permitiría también hacer cursos sobre la Ilustración asturiana en relación con la española, preparar una colección de pequeñas biografías con carácter de divulgación para los escolares, los colegios, hacer visitas guiadas con grandes paneles explicativos de lo que fue el siglo XVIII... Ahora estamos empezando a darle vueltas a las obras completas de Feijoo, sería un homenaje completamente inevitable porque venimos de ahí, así que ya hay un grupo de investigadores de Bochum que son miembros del Instituto y varios españoles trabajando en ello. Quizá iniciemos ya ahora algunos volumenes para hacerlos coincidir con la finalización de las obras de Jovellanos, que está prevista para 2009.

-¿Qué nos puede avanzar del Museo de la Ilustración?

-Es una idea que está todavía por perfilar. Se buscaría hacer una cosa interactiva en la que los chavales participen y puedan elaborar información sobre el XVIII, en la que se pueda mostrar toda la arquitectura civil del XVIII...

-Luego la actividad no sólo se va a multiplicar sino también a ser más popular.

-Sí, queremos que el Instituto sea un referente, pero ya no sólo por el trabajo privado que nosotros publicamos y editamos que nunca desborda el ámbito académico, sino como escaparate. Se trataría de darle una proyección mucho más social. Salir del gueto académico y mostrar el Instituto a la sociedad.

 
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