Viernes, 18 de mayo de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

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Magín Berenguer tendrá sala propia en el Arqueológico
Sus recreaciones del arte paleolítico asturiano adquiridas por el Principado por 110.000 euros se pueden contemplar en el Ridea
Magín Berenguer tendrá sala propia en el Arqueológico
LOS HEREDEROS. Los hijos de Magin Berenguer (de izquierda a derecha) Carmen, Pedro, Magin, José y Ana, conversan con Madera (tercero por la derecha) ante una de las pinturas del historiador. M. ROJAS
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Magín Berenguer, quien fuera uno de los principales custodios de la historia del arte asturiano hasta su muerte, tendrá su propia sala en el renovado Museo Arqueológico de Asturias, cuyas puertas se abrirán a mediados del año que viene, según aseguró ayer el director general de Cultura, Carlos Madera. Ambos datos, la reinauguración del equipamiento cultural y el espacio dedicado a Berenguer, fueron dados a conocer, precisamente, en la presentación de una selección de la colección que le hará presente en el museo. Un fondo de 51 obras, la mayor parte gouaches y dibujos, adquirido ahora por el Principado a cambio de 110.000 euros y que son la recreación que el estudiosos y pintor, fallecido en otoño de 2000, hizo del arte paleolítico asturiano.

Son bisontes, caballos, ciervos y otros muchos signos de los innumerables que la prehistoria fue dejando como herencia en las cuevas de Asturias. Todos reproducidos pacientemente por Magín Berenguer allí mismo, en las cuevas en las que exhiben altivos sus miles de años. Copiados con la única compañía de una lámpara de carburo y sus lápices.

Las obras, de las que ahora se puede contemplar una selección de 12 en el patio del Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea), en Oviedo, son el espejo de una pasión por el arte del principio de los tiempos, una pasión que el investigador profesaba desde el magnífico conocimiento de todos sus lenguajes. Profundamente enamorado de la prehistoria y también del prerrománico asturiano, Berenguer dio a luz una interesante obra, 'Arte en Asturias' (patrocinada y entregada en tomos por EL COMERCIO) en la que desplegó su erudición, acercando al presente las raíces de nuestra cultura. La misma intención puso en sus pinturas de las cuevas, realizadas desde mediados de los años 50 hasta la década de los 70. A través de ellas quienes se acerquen ahora al Ridea, y en un futuro al Museo Arqueológico, podrán viajar en cierta medida a las paredes de Candamo, El Buxu, Les Pedroses, El Pindal, Llonín y su muy querida Tito Bustillo. Las cuevas de las que tomó prestadas las manifestaciones de los hombres paleolíticos.

Ayer a su presentación pública acudieron todos sus hijos. Magín, Carmen. José, Pedro y Ana. El mayor, que lleva su nombre, se felicitó poniendo voz a toda la familia porque el legado de su padre sea ahora de todos los asturianos. Un legado que, como decía Francisco Carantoña, le permitió, en su doble condición de estudioso del arte y pintor acercarse hasta lo más íntimo de los detalles de los murales de las cuevas prehistóricas, «recreando línea a línea y mancha de color a mancha de color aquellas lejanas realizaciones».

 
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