Viernes, 18 de mayo de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

MARIBEL VERDÚ, ACTRIZ
«Ya he sido la más sexy, no tengo que enseñar nada»
'El niño de barro', hoy en las pantallas, refrenda la madurez de la actriz «Llegué a pensar que se habían olvidado de mí»
A Maribel Verdú le ha tocado, por fin, hacer de madre. Si en 'El laberinto del fauno' recordaba a Lola Gaos, en 'El niño de barro' insiste en su papel de mujer sufriente, consumida. Su rostro ha ganado ángulos y su cuerpo perdido curvas. Tiene a la espera de estreno otras dos películas como mujer con hijos, pero el instinto maternal sigue sin llamar a su puerta. «Ser madre no figura entre mis planes. No me preocupa, si llega, llegará, pero yo respeto tanto a la gente que tiene hijos como quiero que me respeten a mí. Una mujer no está obligada a tenerlos para sentirse realizada».

-Hombre, hay una especie de obligación social

-¿Obligación social? Mira, las únicas obligaciones que me preocupan son las personales. Yo me levanto cada día queriendo hacer la vida fácil a los demás. Y si creo que no es adecuado traer un niño a este mundo o que no va a ser fácil para mí No me apetece tener hijos, punto. Y esto parece una revista del corazón, vamos a dejarlo.

Le sale el punto de divismo a la Verdú. Esquiva las preguntas indiscretas con las tablas que proporciona haber estado siempre ahí. Pisó un plató con 13 años y dejó el colegio a los 16. «El 2 de octubre cumplo 37, y me encuentro mejor que nunca. No tengo miedo al paso de los años». Responde con displicencia rutinaria y sólo se le ilumina el rostro cuando recibe la noticia de que 'El laberinto del fauno' acaba de sobrepasar los 80 millones de dólares de recaudación mundial. «Joder. ¿Cuánto es en pesetas? ¿Mil millones? ¿Qué barbaridad!».

La versión 'freak' de 'El espíritu de la colmena' a cargo del mexicano Guillermo del Toro ha vuelto a poner en el mapa a la actriz madrileña. La revista 'Time' lamentó que no figurara entre las candidatas al Oscar. En una fiesta en Hollywood se giró cuando alguien la felicitaba solícito. Era Francis Ford Coppola. «David Trueba dice que en España tienen que oír fuera que alguien es bueno para reconocerle aquí. No lo sé, pero me fío mucho de su opinión».

-También la define como «una Gracita Morales con cuerpo de super mujer».

-Es un cabrón. Lo dice por mi faceta cómica, porque siempre estoy de cachondeo. Nunca se puede perder el buen humor. Otra cosa son los papeles que me ofrecen, y los que más me gustan son los que menos tienen que ver conmigo. Soy optimista, y por eso me encantan las sufridoras en cine. Me gusta sacar esa parte, porque en mi vida no todo es felicidad, me pasan cosas, pero como no las demuestro me desquito con el cine.

-Hasta 'El laberinto del fauno' llevaba casi tres años ausente del cine.

-No me gustaba nada de lo que me ofrecían. Y ya he hecho bastantes películas por hacer, me he comido muchas mierdas defendiendo películas indefendibles, y me dije: ni una más. Sólo quiero actuar en guiones que realmente me apasionen cuando los lea, aunque después el resultado final no esté en mis manos. Llegué a pensar: 'Ya está. Se ha acabado, Maribel, se han olvidado de ti'. Y ha tenido que venir un mexicano maravilloso para que la gente, de repente, se dé cuenta de que sigo existiendo. Es surrealista.

-¿Y por qué no la llamaban?

-Porque había otras actrices que eran las que se llevaban las películas interesantes. Pensaba, bueno, he cumplido una etapa muy larga de mi vida, son muchos años en esto. Pero me lo tomé muy tranquilamente, ¿eh?

-Sabe vivir sin trabajar.

-Absolutamente, y me lo he demostrado. En aquellos años hice teatro, televisión y publicidad. Estuve en Madrid y en mi casa de la playa. Divinamente. Me fui a Tailandia, a Malasia, visité amigos, fui al cine, al teatro No me muero sin trabajar. Estoy muy plena en mi vida.

-Tantos años en el tajo. Estará forradísima.

-No. Para estar forradísima podría haber tomado otro camino y aceptado cosas que me hubiesen dado mucho dinero, pero de las que luego me hubiese arrepentido.

Desde que Vicente Aranda la descubrió en 'El crimen del capitán Sánchez', dentro de la serie 'La huella del crimen', Maribel Verdú ha crecido ante un país que la ha mantenido como objeto de deseo. A los 14 años, preguntaba a Ricardo Franco en 'El sueño de Tánger' cómo se hacía el amor porque era virgen; a mediados de los 90, sus anuncios de lencería Little Kiss desaparecían por las noches de las marquesinas. Ahora se congratula de su castidad en pantalla: «Estoy feliz de no hacer escenas de cama, se duerme mucho más tranquila sabiendo que al día siguiente no te tienes que desnudar».

Casada desde hace siete años con el empresario teatral Pedro Larrañaga, Maribel Verdú ya no siente la presión de «estar cañón» todo el día. «Ya he sido la más sexy. Toda España sabe cómo son mis tetas y mi culo, ya no tengo que enseñarlos». Media docena de largometrajes, entre ellos los de Gracia Querejeta, Gonzalo Suárez y José Luis Cuerda, contarán en los próximos meses con una actriz que sólo busca «respeto».

-Ningún Goya. ¿Resentida?

-Para nada. No soy así, vivo las cosas de manera auténtica. Jamás me quedo con ninguna amargura dentro, eso es veneno. Si algún día me dan el Goya me moriré de la emoción y será estupendo, pero me parece mucho más difícil conseguir cuatro nominaciones. Se me ha valorado cuatro veces, y hay quien se lo lleva a la primera y nunca más. Victoria Abril estuvo nominada siete u ocho hasta que se lo dieron. Y siempre ha sido la mejor actriz de este país.

-Dijo no a Ben Affleck para ser su pareja en 'Daredevil'.

-He dicho que no a muchas películas de Hollywood porque no tengo ganas ni ambición de vivir en Estados Unidos. Soy incapaz de pasarme siete meses allí en un rodaje, estaría llorando todo el día.

 
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