DICEN las cifras de audiencia que la otra noche había más de doce millones de espectadores, un 61,6% del personal televidente, atento a la tanda de penaltis que dio al Sevilla la victoria en la final de la Copa de la UEFA frente al Espanyol. Para esos espectadores, la noche ya no tuvo más que un nombre: Salvador Palop, el portero del Sevilla, que seguramente ha escrito la mejor temporada de su vida. Marcó un gol -cosa insólita- en los cuartos de final y paró tres penaltis, tres, en la final. No se puede tocar más la gloria. Para los internautas, la red está llena de vídeos con el gol de Palop, cuando el portero subió a rematar un córner y empató la eliminatoria de impecable cabezazo en el último minuto. Los más graciosos son los que superponen la escena con aquel anuncio de un conocido refresco de cola donde un portero llamado O'Henry hacía lo mismo. Era un anuncio creado por la agencia MacCan-Erikson. Tenía mucho interés escuchar la reflexión que el anuncio ponía en boca del portero: «Soy distinto. No soy como los demás. Todos dicen que el espectáculo son los goles, y mi objetivo es evitarlos. Sacar una mano en el último segundo y acallar los gritos de cien mil personas. El balón no puede tocar la red. Un 'cero' en el marcador es el mejor resultado. Pero a veces me pregunto: ¿Qué se siente al marcar un gol?». Palop pudo contestar a esa pregunta aquel día, y la otra noche, frente a un Español que se dejó la piel en el campo, pudo contestar además a otra pregunta: ¿Qué se siente cuando paras tres penaltis y das a tu equipo un título europeo?
Es curioso, pero, de entre todos los deportistas, el portero de fútbol es uno de los que más ha llamado la atención de la literatura. Jesús Castañón, que en paz descanse, dedicó a esto una bonita conferencia hace casi veinte años, en la Facultad de Periodismo de San Sebastián. Ahí está la 'Oda a Platko', de Alberti, himno encomiástico al portero húngaro del Barcelona , o la 'Elegía al guardameta,' de Miguel Hernández, sobre aquel portero del Orihuela que murió, la cabeza estrellada contra un poste, tras «tumbarse en el viento para evitar victoria».
El escritor que más profundamente ha penetrado en el espíritu del deporte es, para mí gusto -y para el de Castañón-, el francés Henry de Montherlant, el autor de 'Las Olímpicas', y jugaba de portero. Sin duda Montherlant soñó algún día con la hazaña de Palop: ese gol, esos penaltis. Hace falta otro poeta para el portero del Sevilla.