Domingo, 20 de mayo de 2007
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Elogio educativo de lo inútil
MUCHOS conocen la anécdota, rigurosamente histórica, del ministro y el latín. En las viejas cortes franquistas, peroraba el ministro cordobés, natural de Cabra, José Solís, sobre la importancia del deporte en la educación. Entre nosotros, los españoles y sobre todo los que tienen alguna responsabilidad educativa, las cosas no son importantes por sí mismas o por algo, sino contra algo. Por eso Solís, para defender la Educación Física, atacaba al Latín:

-Más deporte y menos latín, porque ¿me pueden decir, señorías, para qué sirve el latín?

Muñoz Alonso, uno de aquellos diputados o 'consejeros del Reino' que se reunían de vez en cuando para escuchar y acatar el consejo de quien en principio deberían aconsejar respondió:

-Por lo pronto, para que usted, señor Ministro, que nació en Cabra, sea egabrense y no otra cosa.

La respuesta ingeniosa no sirvió de antídoto contra la caída en picado del latín en particular y de las humanidades en general, en los sucesivos planes de estudio de la enseñanza secundaria. También han desaparecido la asignatura de Historia del Arte, obligatoria en el sexto de bachillerato que yo cursé y la asignatura de Historia de la Literatura Universal, por lo cual un estudiante termina el bachillerato ignorando que es el impresionismo pictórico o quien fue Flaubert, Shakespeare o Dostoiesvsky. Incluso, a pesar de los llamados refuerzos horarios de la asignatura de lengua, la literatura española tiene poquísima entidad, tanto en la Secundaria Obligatoria (ESO) como en el bachillerato.

En esta merma de los contenidos culturales y humanísticos en la enseñanza general, aquel «para qué sirve esto» que proclamaba el egabrense Solís -resulta llamativo la cantidad de ministros y políticos hijos Cabra, desde Sánchez Guerra a Carmen Calvo-, ha quedado como punto de partida de un utilitarismo pedagógico de baja estofa. Utilitarismo muy alejado del concepto de utilidad entendida como perfección del ciudadano que defendían los ilustrados del XVIII hace dos siglos. El 'para qué' omite que hay cosas que hay cosas con valor en sí mismas, más allá de una determinada finalidad. Muchas veces, estas cosas son las más importantes.

La aplicación de la LOE, la nueva ley educativa, en Asturias, no sólo no va a corregir la situación de las humanidades, sino que añadirá a la lista de materias descabezadas de la Enseñanza Secundaria Obligatoria, la Música y la Educación Plástica. Frente a otras comunidades autónomas, como Aragón y Cantabria que han corregido los recortes de estas asignaturas, la Consejería de Educación del Principado optó por disminuir los horarios lectivos de esta materias.

Con esta medida, la agonía de las enseñanzas artísticas en la educación secundaria general está cantada.

¿Mejorarán la formación en lengua, idiomas y matemáticas al quitar horario a la educación estética? Probablemente los responsables que rigen con tanta alegría como atrevimiento los destinos pedagógicos de Asturias, así lo creen. ¿Y si se equivocan y el efecto es el contrario? Las cosas no son tan sencillas. Y a veces lo que se considera inútil sirve incluso para el desarrollo y la adquisición de esas utilidades básicas.

 
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