Israel no lanzará una ofensiva a gran escala sobre Gaza por el momento, pero sí «intensificará» sus ataques contra objetivos de Hamás, entre quienes ayer volvió a dejar doce víctimas, una de ellas un adolescente civil. Ocho de los muertos se produjeron durante un bombardeo de la aviación contra un diputado de Hamás en Gaza.
En un intento aparente de atajar la presión internacional que exige el fin de las operaciones, el Gobierno de Olmert descartó ayer ordenar la invasión que reclaman sus socios de la ultraderecha y buena parte de la población de Sderot; a cambio, aprobó un estatuto especial de 48 horas en beneficio de la ciudad más castigada por los cohetes caseros -140 en una semana- que prevé, entre otras medidas, el pago de indemnizaciones y reducciones fiscales a los vecinos afectados.
El decreto del Estado de excepción, que transfiere poderes civiles al Ejército para imponer cierre de fábricas o escuelas, se completó con el anuncio del primer ministro de que gastará millones de shekels en construir refugios antibomba en doscientos domicilios cada mes. Pero ni una decisión ni otra, que de hecho no servirán para impedir que los 'qassam' sigan impactando en las casas de Sderot, satisficieron las expectativas del líder ultranacionalista, Avigdor Lieberman, que ayer amenazó con abandonar el Ejecutivo y retirar el apoyo de sus 12 diputados a Olmert si no dispone un ataque total sobre Gaza.
«O quebramos a Hamás o quebramos la coalición de Gobierno», amenazó, soliviantado, además, por un último anuncio de los islamistas, que, a través de su portavoz Sami Abú Zuhri, juraron ayer que continuarán lanzando cohetes caseros «a los asentamientos y comunidades israelíes en respuesta a los crímenes de la ocupación».
Lo aprobado en el Consejo de Ministros tampoco resultó suficiente para los vecinos de Sderot - 23.000 de los cuales han huido de sus hogares en los últimos días -, que ayer se agrupaban para iniciar una marcha a Jerusalén para protestar ante la sede del Gobierno con pancartas en las que podía leerse «Olmert está en coma», «Sharon, despierta».
Parte del éxodo emprendido fue estimulado por las ayudas millonarias aportadas por el magnate de origen ruso Arkadi Gaydamak, que ha puesto a disposición de los ciudadanos de Sderot sus caudales -al parecer procedentes del tráfico de armas en Angola- y suscitado con ello las iras del Ejecutivo. Tel Aviv considera que la fuga masiva de familias en este enclave supone una pésima prensa, sobre todo para un Estado que intenta atraer inmigrantes judíos de cualquier parte del mundo para no sucumbir a la presión demográfica de los árabes. «No compito con ningún millonario -reclamaba ayer el ministro de Defensa, Amir Peretz, nacido en Sderot-, ya se llevó a quinientas personas meses atrás y las abandonó en Be'er Sheva. Han pedido ayuda a mi Ministerio para volver».