El tiempo cambió la fotografía de la feria vivida en los últimos años. En anteriores ocasiones era un recinto lleno de visitantes y ganado, que acampaba a sus anchas por la explanada de Llanera mientras sus dueños regateaban con los tratantes. Ayer se pasó a la de animales cobijados de la lluvia mientras sus dueños cerraban los tratos con el paraguas en la mano en medio del barrizal.
La Ascensión cerró ayer su fiesta ganadera en el municipio vecino con menos visitantes, pero un movimiento de reses similar al de otros años, con «3.000 cabezas» entre caballos, terneros, vacas y burros, según explicó el concejal de Agricultura de Llanera, Alfredo González.
El fino orbayo provocó una bajada sustancial en el número de curiosos y los que se acercaron, no pudieron deshacerse del chubasquero. No paró de llover en todo el día. Eso sí, el mal tiempo tuvo su lado bueno: no hubo caravanas para coger el desvío a Lugo de Llanera, ni rastro de las insufribles colas para acceder a los aparcamientos, protagonistas indeseados de ediciones anteriores.
Esta vez el protagonismo se lo llevó la lluvia, que echó por tierra los preparativos. González se resignó a que las visitantes hayan «bajado» porque fue causa mayor. «Que le vamos a hacer», lamentó. No disminuyó, según dijo, el número de cabezas de ganado, «de las que el 80% era caballar». Tampoco los datos de las operaciones. «Las ventas fueron como todos los años», dijo el edil.
Compradores y vendedores, desplazados desde todos los rincones de Asturias, y también de Navarra, Cantabria, León, Pontevedra y Galicia, ocuparon la jornada del sábado y la mañana de ayer en hacer un buen trato. Algunos hasta lo hicieron doble: compraron y revendieron en el mismo día.
Calidad y precio
Los precios variaron tanto como la calidad de las piezas. De media -y en pesetas como regatean aún los ganaderos-, «unas 130.000 por una yegua de tiro con un potrín, una burra preñada ronda las 100.000, un ternero por 235.000 y los caballos a partir de las 200.000», explicó Luis García, que viajó desde Salas para adquirir un par de reses.
En el exterior del recinto también hubo actividad. En una gran explanada, situada frente a las puertas de entrada, se ubicaron los puestos de exposición y venta de tractores, sillas, ropa, bocadillos, churros y helados.
Y en el lado contrario de estas instalaciones, se colocó el escenario para la entrega de los Premios de los Paisanos del Año. Hasta allí se desplazó el alcalde, Gabino de Lorenzo, con boina y gabardina, cuando faltaban cinco minutos para las doce del mediodía.
El primero en intervenir en el acto fue su homólogo de Llanera, Avelino Suárez. Aprovechó su discurso para elogiar, un año más, la colaboración que mantienen las dos administraciones locales desde 2002 para celebrar la feria. «Marcó un antes y un después en lo que era el municipalismo en Asturias», aseguró.
De Lorenzo, como es habitual en el domingo de La Ascensión, empezó su discurso emplazando al presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, a que cumpla su compromiso de desdoblar la carretera que conecta Lugo de Llanera y el recinto ferial. «Avelino, ¿cómo quieres que esté aquí si ya les inauguraste la carretera?», ironizó el edil.
Al margen de este escenario, la lluvia también deslució las actividades en la losa, donde se cerraron a última hora las carpas con las exposiciones, y el Mercáu Astur en la plaza de Porlier. Tampoco hubo suerte para los seguidores de Melendi y La Bandina. Aunque a muchos no les hubiera importado bailar con el paraguas, el concierto quedó suspendido.