José Ángel Egido es en 'Cuenta atrás' Molina, el inspector veterano, superado en rango por un profesional joven como Corso. Hay entre su personaje en la serie de Cuatro y en la vida de este actor un paralelismo claro. Ha sido secundario de lujo, un corredor de fondo que en plena madurez recibió el premio Goya al actor revelación por su papel en 'Los lunes al sol'. No ha parado de trabajar en teatro y cine, tanto en España como en Italia ('Incautos', 'Gal', 'El cartero de Neruda'), pero sin papeles tan redondos, que no abundan. En la serie, estrenada con éxito en sus primeras emisiones, Molina piensa ya en el retiro, y este actor gallego de 55 años cada vez se refugia más en su jardín y en la pintura. Pero augura que estará hasta el final con las botas puestas y baraja un papel importante en cine para este verano.
-¿Qué tiene 'Cuenta atrás' respecto a otras series españolas?
-Está pensada para dar mucha información a través de la imagen, tiene un ritmo frenético. Los actores somos aquí como el ladrillo de una pared porque el resultado se basa mucho en los guiones y el montaje. Todo está muy bien construido.
-Un comentario que se ha vertido sobre la serie es que el protagonista, Dani Martín, todavía no está bien formado como actor.
-Cualquier trabajo necesita de una formación muy fuerte para sacar el máximo provecho del talento. Pero yo creo que Dani da el personaje, es muy Corso, y asume el papel muy bien. Pero allá cada cual con sus opiniones, que siempre son respetables.
-Su personaje, Molina, es el veterano, aunque tiene menor rango y ha sido superado por la nueva generación. ¿Hay un cierto paralelismo con su vida, con su trabajo?
-Uno quisiera mantener la energía de la juventud, pero la realidad es que la vida te va transformando. Vienen otros que van tomando el testigo y en ese punto hay una coincidencia entre mi vida y la del personaje. Yo no me siento como a los 23 años, que es la edad de los otros personajes de la serie. Molina mira las cosas con menos apasionamiento, con más reposo, y está pensando en retirarse a la casita que tiene no sé donde, aunque también le tira la profesión.
-¿Usted también está pensando en la casita del retiro?
-Ahora me gusta hacer cosas en las que antes ni siquiera pensaba, como cuidar de mi jardín y de mis flores. Pero lo llevo muy bien. A veces uno piensa que le falta ese plus, pero hay que ir tranquilizándose.
Indignación
-Quizá en la interpretación, como en otros terrenos, priman ahora más los valores de la juventud.
-Absolutamente, y me produce cierta indignación que todo tenga que ser joven y rápido. Forma parte de la estrategia de comprar y vender, de los valores inconsistentes para generar dinero. Creo firmemente en Calderón de la Barca cuando dice que la vida es un sueño. Y es más sueño cuando se producen estos intereses y manipulaciones comerciales.
-Muchas veces se fabrican actores como la comida rápida.
-Hay que ser un grandísimo director para usar y camuflar a un actor que da muy buena imagen, pero que no tiene capacidad, talento ni experiencia. La experiencia es fundamental en cualquier área; yo no sé hacer las cosas de otra manera porque no soy alto ni guapo ni rubio. Lo que me queda es confiar en mí, en mi capacidad para interpretar y desarrollar lo que he aprendido.
-El premio por 'Los lunes' podría haber sido un trampolín. Pero pocos actores de la cinta han podido desarrollar después papeles interesantes. ¿Que ocurre en el cine español?
-En 'Los lunes al sol' hubo una confluencia de talentos, entre otros el de Fernando León de Aranoa. No abundan en España buenos directores con él. El trabajo de un actor es minucioso, paciente. Yo no he parado desde entonces; he hecho películas fuera, en Italia, pero no siempre te toca un director así. Ahora ha surgido una oportunidad para este verano, con uno de los grandes directores y guionistas.