Martes, 22 de mayo de 2007
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El local provisional perdió usuarios debido a las escaleras de acceso
El local provisional perdió usuarios debido a las escaleras de acceso
ACTIVOS. Dos usuarios del hogar de pensionistas en el taller de manualidades. / PIÑA
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«Ahora vienen menos, debido a las escaleras, pero este centro tiene mucha actividad». Así resume una de las trabajadoras del hogar de pensionistas de la zona centro la actualidad del local, ubicado desde marzo del año pasado en un pequeño altillo sito en la calle de San Bernardo, sobre la librería Central.

De ocupar espacios amplios y luminosos en la residencia de Cimadevilla, de donde tuvieron que marcharse al elevarles la renta a 17.000 euros al mes, los usuarios del hogar (hay 18.000 socios habituales) pasaron a instalarse en 300 metros cuadrados de un local con escasa ventilación exterior y al que se accede por una escalinata de difícil subida, «sobre todo para los mayores». Cierto es que hay otra entrada, a través del portal del edificio, «pero sigue siendo un espacio de difícil acceso. Muchos han optado por no venir y otros, cuando llegan y ven las escaleras, dan la vuelta».

Abierto toda la semana

Las barreras arquitectónicas no han sido el único problema del local provisional alquilado por el Principado, sino que muchos de los servicios que presta el hogar han tenido que «realizarse fuera, porque aquí o no hay espacio o el que hay no era el adecuado». Se trata, especialmente, de las actividades deportivas, sobre todo tai-chi y yoga, que «hemos tenido que contratar en un gimnasio, porque el aula prevista aquí no tenía ventilación y no era lógico usarlo».

Sin embargo, la falta de espacio no ha disminuido «ni un ápice», el ritmo de trabajo en el hogar, que abre todos los días de la semana. «De lunes a viernes estamos abiertos, ininterrumpidamente, desde las nueve de la mañana hasta las ocho y media de la tarde». El horario se mantiene en los fines de semana, «aunque ahí cerramos entre la una y media y las tres y media de la tarde, para ir a comer, porque no tenemos comedor».

En casi doce horas de apertura, los usuarios pueden leer los periódicos, «esa sala siempre está llena», hacer manualidades, barro, marroquinería, dar clases de informática, así como de idiomas (inglés y francés) e, incluso, practicar sevillanas. En setiembre, bailarán en el San Agustín.

 
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