Dicen las estadísticas que hay más mujeres que hombres en la Tierra, que si hubiera que hacer repartición numérica sin solución sentimental, serían ellas y no ellos los que se quedaran a dos velas. Pero en Soto de Agues, un pequeño pueblo del concejo de Sobrescobio, el padrón no sabe de razonamientos proporcionales y menos de lo que dice la ciencia que utiliza conjuntos de datos para obtener cálculos y probabilidades. Allí las cosas son diferentes. Entre sus empedradas calles la estadística se equivoca y en el recuento no ganan las mujeres, sino los hombres. Resultado, muchos más solteros de los deseados. Y entre ellos, Delfín González Concheso, un minero jubilado que está cansado de llevar los 65 años que tiene sobre sus solitarias espaldas.
Se dice con mala suerte por no haber encontrado novia que le quiera en el altar. Bueno, una segunda novia, porque ya estuvo casado en el pasado y lo que quiere ahora es repetir. Para conseguirlo lo último que hará este divorciado, que se siente soltero nada empedernido, es rendirse. Y para entrar en batalla ha encontrado el mejor de los territorios, un lugar ilimitado en estos tiempos, en el que todo vale y nada es imposible. Es decir la televisión. Y a ella decidió enviar su pena.
Y así, compuesto y sin novia, se presentó Delfín en la tele, concretamente en Televisión Española. Al programa que presenta Inés Ballester, 'Por la mañana', en La Primera, fue para pedir ayuda y no una moza, sino varias. Y no para él solamente, sino también para el resto de sus vecinos, que, además de casadero, Delfín es celestino. Asegura este minero jubilado que no es el único que quiere decir 'si' y colocarse alianza de casado en el anular.
Cuenta que entre sus amigos y vecinos hay muchos otros con ganas de subir al altar. «En el pueblo estamos al menos ocho o diez paisanos con ganas de casarnos, así que lo ideal sería traer un autobús de mujeres para todos», declara ni corto ni perezoso, como quien quiere zanjar el asunto, pero hacerlo a lo grande, sin chiquitas de ningún tipo.
Delfo, como lo llaman sus amigos y ahora todo el pueblo, pues su caso ha ido de boca en boca por las calles de Soto de Agues, explica que las mujeres casaderas van a «desaparecer». Las de la localidad en las que él vive y las de todo el concejo, pues no se ha cercado Delfín su búsqueda en los límites de Sobrescobio. «Realicé varias salidas esporádicas fuera de Soto, pero ninguna de las mujeres que encontré quiere venirse conmigo», confiesa.
Y no querer vivir en su pueblo es por lo único que no pasa este minero con sorna, al que las cámaras de TVE fueron a entrevistar a su propia casa. Compartir su vida en el lugar en el que él la tiene hecha es la única condición que exige para cerrar el pacto matrimonial: «A la mujer que venga sólo le pido una cosa: que viva en el pueblo». Allí tiene su casa, sus burros, cabras, vacas y, sobre todo, a sus amigos, en los que también piensa como celestino.
Tocado siempre con sombrero ladeado para disimular su escasez de pelo, Delfín quiere dejar claro a quien conteste a su envite que tiene un hijo de 30 años y éste será su único heredero. Vamos que quien le diga sí en el altar no espere más favores que los de su persona. Al parecer, ya hay alguna interesada en la oferta televisada.