Hace tiempo que Scotland Yard apuntaba a Andréi Lugovói, y el fiscal general de Rusia, Yuri Chaika, ya advirtió que no sería extraditado. Lo reiteró ayer María Grídneva, portavoz de la Fiscalía, al indicar que el artículo 61 de la Constitución rusa «prohíbe entregar a un país extranjero» a cualquier ciudadano ruso para ser juzgado.
Lugovói, de 42 años, es uno de los muchos ex agentes del KGB que se valieron de información clasificada y de los contactos obtenidos en el ejercicio de su profesión para montar su propio negocio. Tras estar asignado al servicio de seguridad del Kremlin en la época de Borís Yeltsin y cumplir una breve condena por ayudar a fugarse de la cárcel a un alto responsable de la compañía aérea rusa Aeroflot, Lugovói creó la empresa de seguridad privada 'Deviati Val' (El noveno baluarte), hace cinco años.
Se ha venido dedicando también al asesoramiento de empresarios británicos deseosos de introducirse en el proceloso mercado ruso. Al conocer las noticias que llegaban ayer de Londres, Lugovói se volvió a declarar inocente y calificó de «políticas» las acusaciones británicas. «No asesiné a Litvinenko ni tengo relación alguna con su muerte», manifestó en Moscú. «No hay razones para cometer aquello de lo que se me acusa», añadió.
Lugovói dijo desconfiar totalmente de la imparcialidad de las autoridades judiciales británicas y aseguró que muy pronto hará unas revelaciones que «causarán sensación en la opinión pública británica y, tal vez, modifiquen cardinalmente la valoración de los acontecimientos relacionados con ciertos personajes de origen ruso residentes en el Reino Unido». Aparentemente, Lugovói se refiere al empresario Borís Berezovski, reclamado por la Justicia rusa, amigo de Litvinenko y una de las personas más influyentes de Rusia en los años 90.
Desde octubre del año pasado y hasta el 1 de noviembre, cuando Litvinenko empezó a sentirse mal, los dos ex agentes se vieron al menos cuatro veces. Lugovói dejó por todas partes un inmenso reguero de Polonio 210, la sustancia que acabó con la vida de Litvinenko. Tuvo que ser hospitalizado en Moscú el pasado diciembre debido a altos niveles de contaminación con Polonio 210 en su organismo. Y entonces, Lugovói fue interrogado en Moscú por inspectores de Scotland Yard.
En el mismo centro sanitario, aquejado también por altas dosis de radiación por Polonio 210, se encontraba Dmitri Kovtun. Era otro de los sospechosos de haber envenenado a Litvinenko. La Policía alemana, que investiga los hechos debido a que los imputados utilizaron un piso en Hamburgo parar ir y venir a Londres, veía incluso un mayor nivel de implicación de Kovtun. La Fiscalía rusa no ha descartado que Lugovói pueda ser procesado en Rusia si las acusaciones presentadas por la Justicia británica «están bien fundamentadas», lo que excluye la extradición.