La familia de Ana María Solares lleva inmersa en el tradicional mundo de la cristalería desde hace casi cincuenta años. Tal vez de ahí procede su dedicación actual a la artesanía en cristal, uno de los oficios más antiguos, que más elaboración requieren y en el que «desgraciadamente, hay cada vez menos gente interesada en trabajar», señala Ana María.
-¿Cómo se elaboran estas piezas en cristal?
-En este taller lo que hacemos es personalizar las piezas y para ello se acerca ésta a un torno que va comiéndose el cristal y creando las formas y dibujos que deseamos hacer. Por otro lado, siempre hay agua cayendo sobre la rueda para que el cristal no se rompa.
-¿Es complicado?
-La mayor complicación está en que hay que tener mucho pulso. Parece muy fácil, pero cuando te pones a ello te das cuenta de que no lo es y que, al mínimo descuido, puedes romper la pieza y puedes cortarte, claro. Aunque mucho más peligro de cortarte lo tienes al limpiar, especialmente las copas.
-¿Cuánta gente se dedica a la artesanía en cristal hoy en día?
-Muy poca. Ahora ya no está tan valorado por la gente. Muchos no se dan cuenta de que esto es artesanía pura, uno de los trabajos más antiguos que hay y de que las piezas que resultan son todas diferentes entre sí.
-¿Cuáles son los estilos de cristal que más atraen a la gente?
-Depende, porque lo cierto es que hay de todo. Va mucho en función de la edad de la persona. Ahora, por ejemplo, vienen líneas más modernas y lisas, que es lo que suele gustarle a la gente más joven. En cambio, las personas mayores siguen prefiriendo los artículos más decorados y elaborados.
-¿Qué cuidados necesita el cristal?
-Afortunadamente no muchos. Para limpiarlo lo metes debajo del grifo y queda como nuevo. Como mucho pasarles alcohol de quemar, que es un desengrasante de los dedos.
-¿Qué otras novedades llegan en cristal?
-Por ejemplo, una copa nueva que presentaremos próximamente en el Palacio de las Luces, que está hecha con un tratamiento químico específico que oxigena el vino.