Miércoles, 23 de mayo de 2007
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Hallan muerto en medio de un charco de sangre a un profesor en su casa de Bilbao
El cadáver fue hallado por unos amigos, desnudo y con un fuerte golpe en la cabeza
Hallan muerto en medio de un charco de sangre a un profesor en su casa de Bilbao
TRISTEZA. Compañeros y amigos del fallecido presencian la retirada del cadáver en el barrio bilbaíno de San Ignacio. / LUIS CALABOR.
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La Ertzaintza investiga la muerte de un hombre hallado ayer en su casa del barrio bilbaíno de San Ignacio. La víctima, de 44 años, vivía en el número 5 de la calle de Etxepare y fue encontrado en el suelo de la vivienda, desnudo y en medio de un charco de sangre. El cuerpo presentaba un fuerte golpe en la cabeza, a la altura de las cejas. También trascendió que había algunos elementos del mobiliario desordenados, e incluso, que varios cajones se encontraban abiertos.

El hombre, que vivía solo, era profesor en un instituto de la localidad vizcaína de Amorebieta, aunque desde hace meses estaba de baja. Fueron precisamente algunos de sus compañeros del centro educativo, junto con un amigo, quienes encontraron el cadáver. Tras varios días sin noticias del educador, ayer, poco después de las dos de la tarde, decidieron acercarse a su casa, en el quinto derecha. Después de comprobar que nadie abría la puerta, accedieron al inmueble con la llave que guardaba unos de sus allegados. Una vez dentro, se toparon con la macabra escena y alertaron inmediatamente a los servicios de emergencia y a la Ertzaintza. Los sanitarios sólo pudieron confirmar la muerte del joven profesor.

En el vecindario la única reacción era la de una gran sorpresa. La víctima vivía en el inmueble «desde hace unos diez años», confirmaron varios residentes. «Era un chico muy noble y educado que nunca dio problemas», declaró el vecino del cuarto derecha. El hombre, que prefirió no identificarse, aseguró no haber escuchado «nada raro en el piso de arriba». «Sólo he oído lo normal en una casa, algún mueble que se mueve y poco más. No sé qué habrá pasado porque era un chico muy tranquillo y noble», detalló el residente, que desveló que la última vez que vio a la víctima fue el pasado viernes.

«Al anochecer yo salía y él llegaba a casa con un amigo. Llovía mucho y entraban a todo correr en el portal. Le saludé como hacía siempre y ni me fijé en su acompañante», confesó el vecino, quien contó que el profesor «recibía bastantes visitas de algunos amigos y compañeros». El habitante del cuarto derecha fue uno de los últimos en ver con vida al educador, cuya pista se pierde el sábado por la noche. Ese día, un conocido se lo encontró en un bar de copas de la zona tomando unas consumiciones con otro joven.

Otra de las vecinas del cuatro tampoco escuchó «nada extraño» durante el fin de semana. Ella, como la mayoría de los habitantes del bloque, se enteró del suceso al salir de casa y encontrarse con los agentes de la Ertzaintza.

«Me han hecho unas preguntas pero no me han contado mucho porque iba con el crío y no era cuestión de entrar en detalles», razonó la mujer.

Los habitantes de los pisos inferiores, sin embargo, ni siquiera se dieron cuenta de que algo había pasado hasta llegar a la calle y encontrarse con los compañeros de la víctima, que esperaban novedades frente al portal. La noticia, no obstante, fue corriendo poco a poco por el barrio.

La llegada de los investigadores de la Ertzaintza, provistos de llamativos maletines, confirmó a muchos que algo «gordo» -calificó un vecino del edificio de enfrente- había pasado.

«Muy callado»

«Apuesto, callado y amable», como le definió la encargada de una panadería del barrio, el joven era muy conocido en el barrio. «Llegaba, compraba una barra de pan pequeña y se iba. Me enteré de que era profesor hace un par de semanas. ¿Y me dices que ha fallecido?... me dejas fría», reaccionó la dependienta al conocer la noticia. Idéntica reacción tuvo la responsable de un bar ubicado en la calle del Lendakari Agirre.

«Solía venir mucho. No tomaba café. Siempre copas. La última vez que le vi fue la semana pasada», relató la hostelera que dudó de si la víctima entró en su local «el miércoles o el jueves». Lo que sí recordaba es que en esa ocasión «me dejó a deber la consumición». «Lo hacía mucho. Como era un cliente habitual no había problema. Era muy callado y jamás se metió con nadie», apuntó.

A las 19.22 horas, el cadáver del joven salía del portal, ante la mirada apenada de sus compañeros y amigos. Los agentes de la Ertzaintza permanecieron en el piso durante varias horas más recabando pistas que contribuyan a esclarecer las circunstancias de la muerte.

 
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