QUE se sepa, Washington no ha pestañeado ante el anuncio israelí de que nadie, ni el primer ministro Ismail Haniyah ni el jefe político de Hamás, Jaled Meshaal, tienen inmunidad y serán asesinados en cuanto se presente la oportunidad. El heraldo de la noticia ha sido esta vez el viceministro de Defensa, Efraín Sneh, general en la reserva. Lo dijo en el contexto de la emoción suscitada por la muerte de una mujer en Sderot alcanzada por un cohete artesanal 'Kassam'. Es la primer baja israelí por efecto de un ingenio semejante desde noviembre.
Los dos dirigentes de Hamás se muestran firmemente opuestos a reconocer jurídicamente al Estado de Israel, aunque ofrecen la llamada tesis del armisticio: veinte o treinta años de tregua si Israel acepta la 'iniciativa árabe' y evacua los territorios ocupados en junio de 1967. De hecho, más allá de su propia propuesta, Palestina ha asumido, como todos los otros miembros de la Liga Árabe, tal iniciativa tras formar el gobierno palestino de unidad nacional ahora en crisis.
Si los dos hombres llaman a proseguir la lucha armada no podrán quejarse de estar en peligro de muerte. Y esa es la cuestión: no se quejan y parecen asumir el riesgo como parte del oficio. Y para Israel lo peor es que su liquidación dará apenas una satisfacción provisional y, como dijo el estrecho socio de Israel Alexander Owner, al final de la jordana se verá probablemente contraproducente
Esta modesta opinión del ministro australiano de Exteriores es universalmente compartida, pero no sobrepasa el gusto de la muerte de sus adversarios materiales que ha caracterizado desde su creación al Estado de Israel, que se siente físicamente cercado y practica el 'ojo por ojo' con eficacia, pero con dudoso buen sentido político. Quienes hayan visto 'Múnich', la gran película de Spielberg, estarán en sintonía con esta apreciación.
En efecto, el ejército israelí ya asesinó al legendario fundador y líder espiritual del Hamás, el jeque Yassin, paralítico y ciego, en marzo de 2004 y un mes después a su sucesor, el doctor Abdulaziz Rantissi. Un poco más de suerte tuvo Meshaal en Amman, Jordania, donde escapó de milagro a un atentado del Mossad en septiembre de 1997.
Hamás no hizo más que reforzarse con esas muertes y se convirtió en el primer partido palestino hasta ganar holgadamente las elecciones legislativas de enero del año pasado.