EL domingo es el día. Nuestros políticos nos llaman a las urnas y con nuestros dineros hacen campañas para que todos podamos emitir nuestro voto y decidir entre las distintas opciones políticas que se presentan. Incluso algunos lo hacen al 'altu la lleva' sabiendo que una alta participación puede hacer que suban porcentajes de voto y que caiga a su favor un diputado o diputada, un concejal o concejala. Lo que no saben todos ellos es que muchos de esos llamamientos son 'voces en castañéu' para bastantes de nuestros conciudadanos que tienen verdaderos problemas para poder votar.
Los datos son concluyentes. Las personas que tienen alguna dificultad para realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano (definición de discapacidad) son el 9% de la población; esto se traduce en más de 101.000 personas en Asturias. A este amplio colectivo tenemos que sumarles todas las personas de su entorno cercano que también 'padecen' dichas dificultades. Pues bien, dentro de este grupo de población, un 12% tienen problemas de movilidad, es decir, hay más de 12.000 personas en Asturias que tienen dificultades para ir a votar, puesto que los colegios electorales plantean muchas dificultades en su acceso, igual que lo plantean las mesas, cabinas y urnas. De la misma manera, otro amplio colectivo con dificultades en la vista y el oído no les llega la información electoral en las mejores condiciones y no tienen posibilidad de elegir autónomamente un voto para depositarlo en una urna.
La más importante organización de personas con discapacidad, el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), anima a todas las personas con discapacidad que sufran discriminaciones por falta de accesibilidad de los procesos y los colegios electorales a que denuncien estas situaciones ante las juntas electorales competentes por razón del territorio. Para ello ha preparado en su página web unos modelos de denuncia, dirigidos a las juntas electorales y a las administraciones electorales autonómicas, de los que pueden hacer uso cualquier persona con discapacidad que considere que ha sido discriminada en el ejercicio de su derecho al voto.
Visto el panorama, algunas palabras de la campaña electoral producen una curiosa paradoja. Por un lado, nos llaman a la participación y a evitar la elevada abstención y, por otra parte, un colectivo importante de ciudadanos tienen verdaderos problemas para ejercitar su derecho al voto. Parece ser que en el año 2012 todo tiene que ser accesible, ya que existe un Plan Estatal de Accesibilidad 2004, que fue aprobado por el Gobierno y el Parlamento y que, actualmente, está en ejecución. Debe de ser por eso que en algunos colegios de nuestra ciudad se están haciendo rampas a toda prisa para cumplir con ese plan y con los derechos de los ciudadanos. Eso está bien, pero también es cierto que si esas rampas desaparecen una vez que pase el domingo electoral, nos estaremos haciendo un flaco favor a nosotros mismos, porque la rampa no la necesitamos un día del año, sino los 365.
Yo no sé que pensarán ustedes, pero a mí me gustaría que se gastara mucho más dinero en hacer nuestro entorno accesible, porque soy egoísta, porque quiero llegar a 'taitantos' años, quiero ser lo más independiente posible, tener la mejor calidad de vida y la posibilidad de disfrutar de todo el entorno, incluido el colegio electoral, la urna y la papeleta. Y esto último lo quiero durante toda mi vida para votar a la opción política que me ilusione más o para castigar a la opción política que me defraude más.
Yo también llamo a la participación, pero también pido que todo aquel político que me pide mi participación y mi voto gaste un poco menos en propaganda electoral y un poco más en papeletas en braille, por ejemplo.