CONDOLEEZA Rice, secretaria de Estado de EE UU, llegará el próximo 1 de junio a España en la que será la primera visita que un alto funcionario del Gobierno estadounidense realiza a Madrid desde que Rodríguez Zapatero accedió al poder en 2004. El desbloqueo en ese distanciamiento, que ha provocado sucesivos aplazamientos del esperado viaje de Rice, ha estado precedido de una intensa actividad diplomática y de un empeño personal del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, cuya gestión ha soportado el lastre del desencuentro entre Rodríguez Zapatero y George W. Bush a lo largo de toda la legislatura. Con su decisión de retirar las tropas de Irak, sin consultas previas con los aliados norteamericanos y sin aguardar la resolución de Naciones Unidas de junio de 2004, el jefe del Gobierno abrió una brecha con la Administración Bush que certificó la incompatibilidad de sus respectivas estrategias internacionales y que ha cegado toda posibilidad materializar la tradicional fotografía de ambos presidentes en la Casa Blanca. El posterior apoyo de Rodríguez Zapatero a la candidatura demócrata de John Kerry en las elecciones presidenciales no hizo más que profundizar las disensiones, que no lograron salvar las visitas de varios ministros españoles a Washington.
Es ese complejo contexto el que determina la relevancia diplomática del viaje de Condoleezza Rice. Si Rodríguez Zapatero se dejó llevar ya desde la oposición por unos recelos hacia Estados Unidos incongruentes con la formulación de una política exterior moderna y atlantista, el cuestionable proceder del Gobierno de Bush tampoco ha propiciado una reconducción de la situación. Pero la existencia de desacuerdos, incluso sobre temas de fondo, y la falta de sintonía ideológica no debería haber sido obstáculo para intentar mantener con normalidad la relación entre dos países occidentales con tantos intereses comunes. La agenda hispano-norteamericana es sustantiva y abarca cuestiones de calado como la lucha contra el terrorismo internacional, el comercio y las inversiones recíprocas y la evolución política de Latinoamérica, en especial de Cuba y Venezuela. Ambos interlocutores están obligados por tanto a aprovechar la visita de Rice para sacudirse las últimas reticencias mutuas y restablecer la comunicación fluida entre un estado socio en la OTAN y de la UE con la única superpotencia del mundo.