«Sigo trabajando en el proyecto del sínodo diocesano con mucha ilusión», afirmó ayer el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro Sierra. Asegura estar «muy tranquilo», aunque sabe que estos días su nombre y su futuro están de plena actualidad, tras el anuncio de una «profunda remodelación» en 16 diócesis españolas, efectuado por fuentes de la Conferencia Episcopal y la Nunciatura Apostólica en España. La «inminente» reforma implicaría, según las citadas fuentes, un ascenso del arzobispo de Oviedo, que pasaría a hacerse cargo del Arzobispado de Valencia. «Yo no tengo ninguna noticia», insiste. Pero, ¿qué pasaría con el sínodo ante su hipotético cambio de diócesis? «Supongo que me dejarán terminar el sínodo, ya que me he metido en él», respondió ayer Osoro a una pregunta de EL COMERCIO.
Fue su primera declaración ante la posibilidad de su partida. Con ella, el arzobispo dejó ver su deseo de concluir la labor iniciada el pasado 7 de enero, día en que convocó de forma oficial en la Catedral de Oviedo lo que el diccionario define como «junta del clero de una diócesis, convocada y presidida por el obispo para tratar de asuntos eclesiásticos». Estas asambleas nacen ligadas a sus impulsores y el cambio de diócesis de Osoro conllevaría un replanteamiento general de la situación. Él mismo lo reconoció ayer, al asegurar que «un sínodo lo hace un obispo, así que si viene otro, tendrá que volver a convocarlo».
La Iglesia asturiana vivió su último encuentro de este tipo en 1923. Desde el siglo XVIII, hubo dos más, en 1769 y 1886. Este tipo de asambleas no se convocan un día y se celebran al siguiente; son procesos lentos y muy meditados que tienen sus formas y sus tiempos.
El proceso
En enero de 2005 el Consejo Pastoral Diocesano planteó la necesidad de crear un foro de debate interno en la Iglesia, un encuentro de sacerdotes y fieles presidido por el obispo en el que se debatiera sobre asuntos relevantes. A partir de entonces, sus responsables empezaron a trabajar con cautela y sin prisa en él. El 8 de setiembre de 2006, ante la Virgen de Covadonga, Osoro anunció que el encuentro debía servir para «emprender un camino de nueva evangelización».
Entonces reconoció que todo estaba en una fase de «preparación espiritual». Poco a poco, el cónclave de fieles y religiosos va tomando forma: tras la convocatoria oficial en enero de este año, Osoro eligió en marzo una comisión de 26 miembros para organizar el sínodo de la diócesis: en ella figuran 10 sacerdotes, dos religiosos, una representante de las sociedades de vida apostólica y 13 seglares.
Todos ellos deberán perfilar la Iglesia asturiana del siglo XXI en unas reuniones que, según lo marcado, podrían tener lugar dentro de dos años. Eso significaría que el arzobispo debería permanecer en Asturias hasta 2009, pese a que Manuel Monteiro, nuncio papal en España, afirmó el lunes en Sevilla que «la Santa Sede prevé muchos cambios de manera inminente».
La reordenación no afectaría sólo a Osoro; también llegaría al obispo auxiliar Raúl Berzosa, que podría ocupar la sede vacante de Cantabria. El hipotético arzobispo de Oviedo sería Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal, puesto este último para el que también suena con insistencia el nombre de Carlos Osoro.
Elogios de Areces
«Sé que hablan de mí por lo que he visto en los periódicos, pero no tengo ninguna noticia». El mutismo del arzobispo en torno a su posible cambio de diócesis fue patente ayer durante el encuentro mantenido en Oviedo con el presidente regional para firmar un convenio concerniente a la Escolanía de Covadonga. Pero Vicente Álvarez Areces aprovechó la ocasión para valorar el trabajo realizado por el arzobispo durante sus años en la sede de Oviedo.
Casi a modo de balance, Areces afirmó que «el convenio refleja algo que no es un hecho puntual, porque en estos años hemos creado un clima de convivencia y entendimiento, de respeto». No dudó el presidente del Principado en decirle a Osoro que se sentía «orgulloso de haber colaborado estos años a poner en valor y restaurar el patrimonio de la Iglesia en Asturias, un patrimonio que está al servicio de los asturianos, un legado de siglos, sin importar las titularidades».
Durante su intervención, Carlos Osoro también hizo memoria. «Llevo seis años de arzobispo y se han hecho muchísimas actuaciones por parte del Gobierno del Principado donde se ha reconocido la labor de la Iglesia», afirmó. Pero no dejó pasar la ocasión de apostillar mirando a Areces: «Usted, cuando dice no, es que no. Y cuando dice sí, es que sí».