La nueva imagen del Puente Romano de Cangas de Onís ha generado controversias y protestas entre los vecinos, tal y como había vaticinado en unas declaraciones a EL COMERCIO el propio arquitecto de la obra, Ignacio San Marcos. La desaparición de las hiedras y el color amarillo que luce tras la retirada de los andamios ofrece una nueva cara a la que los oriundos y visitantes no están acostumbrados. Además, con la retirada de la capa vegetal que lo cubría, quedan al descubierto las 'cicatrices' del puente como consecuencia de rehabilitaciones anteriores.
La titular de la Consejería de Cultura, Ana Rosa Migoya, que visitó ayer el resultado de los trabajos acompañada por el alcalde del municipio cangués, Alfredo Rodríguez, explicó que el color se debía a «un tratamiento específico para prevenir las humedades» y añadió que el monumento «volverá a ofrecer con el paso del tiempo el color natural de la piedra arenisca» con el que se construyó en la Edad Media, una vez vaya desapareciendo el moho utilizado para tal fin.
Con estas declaraciones quiso zanjar cualquier discusión sobre el resultado de las obras, que han supuesto una inversión de 165.000 euros.