RAÚL ÁLVAREZ GIJÓN
Las obras de demolición de la estación de ALSA terminarán hoy mismo o mañana a primera hora. Lugaru, la empresa contratada para llevar a cabo los trabajos, afronta los últimos retoques y planea dar su labor por concluida esta misma semana. El final de los derribos, en cualquier caso, no significa la retirada inmediata de los andamios que sujetan las fachadas del edificio, catalogadas y protegidas por la Consejería de Cultura.
Las obras entran ahora en una nueva fase en la que se acometerá la construcción de la nueva zona destinada al servicio de los viajeros. La empresa asturiana de transporte mantiene que le dará tiempo a tener todos los preparativos listos en el mes de junio.
Sin embargo, aún existe una incógnita sobre el aspecto que tendrá el inmueble cuando ya esté remozado. ALSA pretende recrotar también un machón -un pilar que actúa a modo de contrafuerte de la pared que da a la calle de Llanes- cuya preservación fue decidida por los técnicos del Servicio de Patrimonio de la consejería en junio del año pasado. La empresa afirma que se encuentra en mal estado, como la mayoría de la estructura, y que está a la espera de la autorización para llevarla cabo. Cultura, por el contrario, sostiene que aún no ha recibido ningún recurso para reconsiderar los términos del permiso concedido en 2006.
Aparte de esa discrepancia, el grupo Cosmen y sus contratistas afirman que los trabajos marchan «muy bien» y que no hay motivos para pensar en retrasos. Los propietarios creen que, si no surge ningún contratiempo, los andamios metálicos exteriores podrán retirarse en la primera quincena del próximo mes. Las nuevas estructuras de sujeción desde el interior de las paredes y de los elementos ornamentales -el reloj que corona el chaflán del cruce de las calles de Llanes y Magnus Blikstad- ya están instaladas.
Lento desmontaje
Sergio Meana, jefe de obras de Lugaru, precisó ayer que las previsiones se han cumplido y que los seis operarios de su empresa han retirado casi 4.000 toneladas de escombros en poco más de tres meses.
La antigüedad del edificio, abierto en 1941, y su mala condición han deparado algunas sorpresas, pero los técnicos han podido solventarlas todas «sin un arañazo». El proceso, en cualquier caso, ha resultado lento y laborioso para evitar riesgos a los trabajadores allí destacados.
Con el derribo y el apuntalamiento interno ya culminados, el siguiente paso es afrontar los equipamientos de la nueva zona de atención a los viajeros en la parte de la estación que lleva cerrada al público más de cuatro años. Ahí aparecerán nuevas taquillas, una sala de espera con capacidad para 36 personas y una oficina de facturación.
La remodelación también permitirá ganar espacio en el exterior del inmueble para habilitar dos nuevas dársenas de estacionamiento, con lo que su número pasará de cinco a siete. La desaparición de un cuadrante de la fachada permitirá a los conductores más visibilidad y a los autocares una mayor maniobrabilidad. La eliminación del machón mejoraría aun más esas prestaciones.
Hasta 2011
El arreglo de la estación, necesario ante el deterioro general del edificio, prestará servicio durante no mucho tiempo. La construcción de la nueva terminal de Moreda, ligada al plan para la eliminación de la barrera ferroviaria, dará a ALSA una nueva base de operaciones a partir de 2011, si se cumplen los plazos. La empresa ya ha negociado con el Ayuntamiento el aprovechamiento urbanístico del actual solar para cuando consume el traslado. El Consistorio prevé cambiar las normas urbanísticas para abrir una calle peatonal y autorizar las construcción de casi un centenar de viviendas y plazas de garaje bajo rasante.