La reforma del edificio tiene sentido porque tiene el objetivo de conservar un patrimonio protegido que amenazaba ruina, pero plantea un problema de uso. Dado que sus días como estación de autobuses están contados, los propietarios han empezado a plantearse qué hacer con él una vez que los autobuses se trasladen a la futura terminal de Moreda. Sobre las dársenas crecerán pisos y una nueva calle peatonal, pero no hay ninguna decisión definitiva sobre el inmueble. La tres opciones que hay sobre la mesa son destinarlo a albergar un hotel, varias oficinas o viviendas
La singularidad de la terminal, considerada una de las mejores muestras del estilo racionalista-expresionista en Asturias, puede abonar la idea de convertirlo en un alojamiento especial. Construida en 1939 y abierta a finales de 1941, es una de las obras singulares de Manuel del Busto, el arquitecto de origen cubano que también legó a la ciudad otras construcciones singulares: los teatros Robledo, Arango y María Cristina, los cines Albéniz y Avenida, los almacenes La Sirena o el café Dindurra, entre otras. La esquina de las calles de Llanes y Magnus Blikstad y la integración del rótulo en la fachada son los elementos mejor valorados por los especialistas, que elogian ambas soluciones.
La rehabilitación en curso, firmada por un equipo de arquitectos que encabeza Alejandro Miranda, es respetuosa con esa historia. Su plan contempla abordar más adelante una actuación que devuelva a las fachadas su aspecto original y considera elementos fundamentales el reloj, los letreros y las carpinterías. Todos ellos se recuperarán. El proyecto también plantea devolver a las paredes exteriores su primitivo color amarillo, volver a montar la marquesina de Magnus Blikstad y dotar de otra igual a la futura vía peatonal. Otra sugerencia recomienda seguir la intención de Del Busto y abrir ventanas en óculo para eliminar algunas zonas destacadas y establecer la transición entre el remate de la portada principal y el resto de la fachada en la calle peatonal.
Mejor aspecto
Todas esas mejoras deberían zanjar un motivo de queja permanente del sector turístico. El mal estado de la estación, cerrada en parte desde hace más de cuatro años y cubierta ahora de andamios, es uno de los elementos que sistemáticamente recibe calificaciones negativas en las encuestas de satisfacción de los visitantes de la ciudad. Esa situación contrasta con la admiración que la fachada y el reloj solían suscitar antes de desaparecer bajo los andamios. Por ese motivo, ALSA desde rematar las obras cuanto antes, de forma que pueda atender el crecimiento de la demanda ligado al verano desde unas instalaciones remozadas.