EL día que Metallica suspendió su concierto en Gijón se armó tan gorda que la cosa acabó con los Antidisturbios en la calle. Ayer, el cabeza de cartel era José María Aznar y tampoco apareció, pero la diferencia entre un heavy y un afiliado del PP, al margen de la evidente y que ya no es la longitud de su cabello, es que el afiliado del PP grita menos. Eso siempre y cuando no oiga las palabras mágicas: ETA, negociación y De Juana Chaos o De Juana Chaos, negociación y ETA, que los factores se ordenen como se ordenen alteran con la misma intensidad. Así que ayer la cosa no acabó en bronca callejera, pero gritos lo que se dicen gritos se oyeron. Más en las gradas que en el escenario, la verdad.
Aznar o el 'mejorpresidentedelahistoriadespaña', tal y como anoche quedó bautizado, tenía el camino preparado desde el martes. Fue hace sólo dos días cuando se plantó en Calatayud y, sin encomendarse a La Dolores ni mucho menos preguntar por ella, se arrancó con aquello de «cada voto que no vaya para el PP será un voto para ETA».
2.500 almas y alguna menos bandera de España esperaban volver a oir algo aunque fuera parecido. Pero oyeron más. Porque Alicia Castro, que no estaba en el guión, no sólo disculpó la ausencia del 'mejorpresidentedelahistoriadespaña' por culpa de Areces y sus «chapuzas» en el aeropuerto. Pese a su tono más de Congreso que de mitin, cargo y disparó, y acusó a Zapatero de pasar información a ETA mientras negociaba con los terroristas y firmaba pactos con el Gobierno del PP. Y no paró hasta arrancar un coro de «¿traidor, traidor, traidor, traidor!» con el pabellón temblando como ya quisiera un fan de Metallica.
El concierto siguió después su guión, con Pilar Fernández Pardo con la misma chaqueta que en el segundo debate de Canal 10 y gustándose igual, aunque menos agresiva, y con Ovidio Sánchez de nuevo sin corbata, que en toda la campaña sólo se la ha dedicado a Rajoy en Oviedo. Los hablaron del 'mejorpresidentedelahistoriadespaña' pero los dos se esforzaron además con lo del programa, programa, programa.
Los dos prometieron soterramientos, plan para el Muro, recorte de impuestos, sanidad y educación bilingüe, pero debe ser que después de dos semanas y 70.000 folletos repartidos la militancia ya se lo sabe. Eso o que las ganas de Aznar mandaban o que la cosa había empezado tan caliente que el público quería más. Porque gritar lo que se dice gritar los militantes gritaron, pero chillar lo que se dice chillar sólo después de cada alusión a las palabras mágicas.
Y eso que a Aznar no se le vio el pelo.