Jueves, 24 de mayo de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

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Esperanza africana
La médica congoleña Nathalie Kapambalisa y la enfermera guineana Margarita Roka denuncian el despilfarro europeo y las carencias médicas del continente negro en el Congreso de Bioética
Esperanza africana
MÉDICA. Nathalie Kapambalisa, en la Feria de Muestras. / SEVILLA
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Si la esperanza en el continente africano tuviese rostro sus rasgos no diferirían mucho de los de la congoleña Nathalie Kapambalisa y la guineana Margarita Roka. Ambas son mujeres, negras, estudiaron en Europa, ejercen en sus países en condiciones precarias y desde principios de semana comparten conocimientos y experiencias en el V Congreso Mundial de Bioética que se celebra en el Palacio de Congresos de la Fidma, en Gijón.

«Podría haberme quedado en España, pero tenía que volver para colaborar en el desarrollo de mi país», dice Margarita, que nació en Malabo y sólo dejó su tierra para estudiar la carrera de enfermería en Granada gracias a una beca de cooperación del Gobierno español. Desde que finalizó sus estudios ejerce en el Laboratorio de Análisis Clínicos de Castro Verde, en el barrio de Elá Nguema. «Mi trabajo tiene mucho más sentido en África que aquí, es más gratificante. La muerte y las necesidades se palpan continuamente». La escasez de medios, de personal, de medicinas es algo con lo que tiene que lidiar cada día. «Cuando vengo a Europa y veo que en un hospital se tira una gasa no lo llevo nada bien. Aquí se despilfarra mucho», dice la guineana.

Más de 1.000 kilómetros al Este de la región donde el explorador británico Livingstone creyó encontrar el paraíso, la vida y el trabajo de los que procuran alargarla no es mucho mejor. Nathalie Kapambalisa nació en la República Democrática del Congo y trabaja en el único hospital de Kiondo (Kivu) una región de los grandes lagos. Empezó como maestra y gracias a una orden religiosa logró estudiar en Lovaine (Bélgica) su verdadera vocación: la medicina. Hoy es la directora de un hospital con cinco médicos, cerca de ochenta enfermeras y 350 camas que cubren las necesidades de más de 200.000 personas. «Nos hace falta de todo, pero especialmente más formación en el personal sanitario y más retrovirales», dice la médica congoleña que precisamente centró ayer su conferencia en el dilema ético en la asistencia a pacientes con sida en los hospitales de su país. Esta enfermedad es uno de las plagas a las que tienen que enfrentarse lo mismo que ocurre en Guinea Ecuatorial, pero otras enfermedades como la malaria, la gastroenteritis o las infecciones respiratorias causan mayor mortandad. La mayoría de ellas responderían adecuadamente a tratamientos antibióticos, pero «muchas veces nos encontramos con medicamentos adulterados con harina, caducados o que no llegan a tiempo», señala Nathalie.

La médica congoleña está especializada en medicina tropical, aunque en su hospital hace de todo, desde cirugía interna hasta maternidad. Las jornadas laborales llegan a ser realmente agotadoras: «Puedes estar diecisiete días sin salir del hospital», señala. Si a esto añadimos una situación política inestable y amenazante tras la guerra de Ruanda -su región es fronteriza con esta nación- ser médico en ese país es algo más que una cuestión de fe. Así todo, ella cree que aunque «en Europa se viva otra realidad, sólo sueño con dedicarme a la investigación y a la formación de nuevos médicos para mi pueblo».

 
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