Viernes, 25 de mayo de 2007
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El modelo a imitar
Mónaco resulta estrecho, incómodo e imposible para los adelantamientos, pero es la carrera de referencia
El modelo a imitar
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Una corte de expedicionarios de la Comunidad Valenciana se ha desplazado a Montecarlo estos días con un único ideario: aprender. Desde Singapur se anuncian viajes en primera clase destino aeropuerto de Niza con el mismo plan: instruirse. Por algún sortilegio que desprende más cercanía al carisma que a otra cosa, el Gran Premio de Mónaco lleva tiempo convertido en referente de la F-1.

Hablan los puristas de la Fórmula-1 y dicen que es demasiado estrecho, imposible adelantar, sin escapatorias para los pilotos, proclaman convencidos de que Mónaco es una excepción. Algo así como una concesión a la galería del dinero, al jardín de los yates y la exclusividad. El auténtico sabor de la F-1 se encuentra en Silverstone, en el remozado Nurburgring, en el legendario Spa. Según ese juicio, ahí sí se concentran las esencias.

La cuestión vuela entre los protagonistas. Raikkonen diserta sobre la importancia de la clasificación, de limitar el número de paradas en boxes dada la dificultad del trazado, pero cuando se le pregunta por la carrera que visitaría como aficionado lo tiene claro: «Mónaco».

Fernando Alonso multiplica sus comparecencias públicas en Montecarlo. Y, como el resto de pilotos, recurre a cualquier medio de transporte para alcanzar su hotel. Barcos, motos o helicóptero, si no queda más remedio. Ahora bien, si se le pregunta al bicampeón del mundo sobre su carrera preferida en el caso de ser un aficionado anónimo, la duda se desvanece. «Compraría una entrada para Mónaco».

Peligros

«La gente no lo piensa, pero en Montecarlo hay riesgo de caer al mar», comenta por su parte De la Rosa. Los peligros no acaban en el agua. Las calles no miden ni de lejos once metros de ancho y están flanqueadas por los célebres raíles monegascos (33 kilómetros de metal), tan imprescindibles en el ojo del aficionado como detestados por los pilotos que compiten cada año. El asfalto condensa las secuelas del tráfico diario y la entrada al túnel representa una cita a ciegas con la incertidumbre. Y además, sin adelantamientos en cualquier pronóstico. ¿Puede una carrera así ser una referencia?

Lo es por la proximidad al público, por la apertura al mar, por la distancia con esa urna que son los circuitos. Hoy se puede circular por el mismo trazado donde mañana rugirán los monoplazas. Y tomarse una ensalada en el garaje donde acampó Alonso. Y criticar el nuevo yate de Kimi Raikkonen (22 millones de nada) que ha atracado en el puerto.

 
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