Viernes, 25 de mayo de 2007
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125 bachilleres integran la primera promoción del instituto Universidad Laboral
El alumno graduado Iván Arias afirmó que «no hay malas hierbas ni hombres malos, sólo malos cultivadores»
125 bachilleres integran la primera promoción del instituto Universidad Laboral
PROMOCIÓN 2007. Foto de familia de los alumnos del Instituto de Educación Secundaria Universidad Laboral que ayer recogieron sus diplomas. / P. CITOULA
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Ciento veinticinco nuevos bachilleres, vestidos para la ocasión, recogieron ayer los diplomas que les convierten en la primera promoción del Instituto de Educación Secundaria Universidad Laboral. En realidad son los mismos que iniciaron los estudios de Secundaria en las viejas aulas de la hoy Ciudad de la Cultura y que hace tres años hicieron nacer, por designios administrativos, el nuevo centro escolar ubicado en las antiguas dependencias del Intra. Ayer, en un ambiente bien distinto del de las algaradas y protestas de 2004, el salón de actos acogió su primera graduación.

A pesar de que la directora del centro, Beatriz Martín, que estrenó nombramiento a principio de curso, hizo un acto de confesión pública sobre «nuestro empeño en que tengáis éxito en vuestras siguientes etapas», y de que la jefe de la Inspección Educativa de Gijón, Isabel Alvarado, apeló a «la mochila» de principios y formación con que «os han equipado bien», fue Adrián Arias, el alumno que actuó de portavoz de sus compañeros, quien dibujó el cuadro más completo, vivo, trabajado, cercano y efectivo de lo que fueron estos años de instituto.

Comenzó con el mismo alarde filosófico con que terminó: «Los principios son finales y los finales, principios». Y para recorrer el largo camino entre un extremo y otro, se remontó a «cuando nos conocimos en esa Ciudad de la Cultura que nos quieren vender y donde vivimos miles de experiencias, como los empujones en la cafetería para conseguir el bocadillo, los recreos en las escaleras de la iglesia o los exámenes en la vieja aula».

Pero no se limitó a la nostalgia estudiantil, aunque sí evocó los viajes de estudios como nexo juvenil de los años de aulas. Recordó «nuestro propio mayo del 68», en alusión al nombre de la asociación estudiantil del instituto que promovió las protestas por las condiciones en que se trasladaron al edificio del Intra, y envió un recado a los profesores desperdigados por el salón de actos. Les agradeció que «con más o menos justicia» hayan hecho «lo posible para que hoy estemos aquí. Pero es que cada alumno es un mundo», reconoció, antes de generar un murmullo de admiración y sorpresa al recuperar la cita de Víctor Hugo que señala «no hay malas hierbas ni hombres malos, sólo malos cultivadores».

«Años oscuros»

Y para cerrar el retrato de unos años convulsos, agradeció la llegada a la dirección de Beatriz Martín, «porque en un año nos hizo olvidar años más oscuros de dirección, creando un ambiente que no había y convirtiendo el instituto en nuestra segunda casa».

Con ello puso punto final al repaso histórico y se centró en el futuro, en los compañeros que quisiera encontrar descubriendo una vacuna, protagonizando una exposición, presentando un informativo, «espero que no 'el Tomate'», o defendiendo grandes causas judiciales. Por eso terminó como había empezado, con el juego de los principios y los finales, que le atribuyó a Joaquín Sabina: «Este ciego no mira para atrás, este notario firma lo que escribo, esta letra no la protestaré, ahórrate el acuse de recibo, estas vísperas son las de después».

 
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