El Llano inició ayer su andadura rebautizado como 'barrio de la sidra' con el reparto gratuito de 800 litros de bebida autóctona, espichas y música de gaita y tambor. Los ocho hosteleros que han puesto en marcha esta nueva 'ruta del culín' gijonesa llenaron a reventar sus establecimientos y extendieron el ambiente festivo y sidrero al cogollo que conforman las calles de Roncal, Juan Alvargonzález, Santa Rosalía y Eleuterio Quintanilla.
Ni siquiera la lluvia impidió el continuo peregrinar de clientes de una sidrería a otra para degustar sidra de tonel de 100 litros y suculentos bocados tales como empanadas, chorizos a la sidra, bollos preñaos y huevos duros. Todo ello al grito de guerra de «¿que corra la sidra!», para que nadie se llamara a engaño de lo que allí se cocía.
Otro que tampoco quiso perderse la puesta de largo de El Llano como barrio sidrero fue el muñeco 'Manolín', un escanciador eléctrico que representa a un hombre a tamaño natural. Este clásico de las grandes concentraciones donde circula con profusión el caldo de manzana fermentado fue instalado en la sidrería La Pumarada, en Juan Alvargonzález, por uno de sus inventores, el sierense José Luis García-Argüelles.
La máquina, provista de ocho motores y controlada por una especie de disco duro de ordenador que haces las veces de cerebro, distribuyó culinos por doquier. «Soy Manolín. ¿Te echo un culín? Este año la sidra está muy buena» fue su carta de presentación ante los consumidores que se iban arremolinando en torno a su vaso.
'Manolín', además, es el único mecanismo artificial que toleran los mentores de la nueva agrupación hostelera para echar sidra. Las normas de uso y consumo en los ocho establecimientos al servicio de la calidad de la sidra y de la atención al cliente son el estandarte de la nueva marca chigrera, que ofrece pinchos en abundancia y un mínimo de diez palos distintos de sidra en sus dominios.
Pero detrás de ese decálogo del 'barrio de la sidra' hay mucho más de ambición que de mandatos más o menos pintorescos. Los negocios comprometidos en este proyecto, que tiene su desarrollo virtual en la red a través del portal www.lasidra.info', tienen muy claro adónde quieren llegar. Su objetivo es ofrecer desde ya «una alternativa hostelera, gastronómica y de atracción turística al centro» para quienes visitan la ciudad, pero también para el resto de gijoneses y asturianos.
El modelo de la calle Gascona en Oviedo «está ahí como referencia», reconocen los hosteleros embarcados en la iniciativa, pero cada uno de ellos quiere desarrollar el proyecto con un sello diferenciado que refleje la identidad de Gijón y del propio barrio.
En la génesis de todo, explica Santos Pumares, de La Parrilla Antonio, está la «amistad» que unía a los propietarios de unas sidrerías que se da la circunstancia de que están muy próximas entre sí y que comparten la misma filosofía de negocio. Con eso mimbres se les ocurrió dar «el empuje definitivo a una de la zonas de Gijón de mayor movimiento diario en cuanto a alterne de gente, para abrirla al resto de la ciudad y de Asturias y convertirla en un nuevo punto de encuentro».
El precio de la botella normal en estas ocho sidrerías es de 2,20 euros y la sidra seleccionada sube hasta los 2,60. El único temor de estos chigreros ante la que se avecina es la falta de aparcamiento que afecta y las limitaciones de aforo de los propios locales.
Las degustaciones gratis de ayer son sólo el punto de partida para seguir dando de que hablar, advierten los hosteleros asociados. Habrá sorteos de viajes, nuevas catas, jornadas gastronómicas y exposiciones de arte. Incluso se intentará promocionar asimismo el barrio utilizando como gancho a las personalidades del mundo de la farándula que visiten Gijón durante el verano. De que la cosa va completamente en serio hay más pruebas. La venta de 'merchandising' de objetos conmemorativos y la presencia del proyecto en hoteles y oficinas de información turística.