Las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos remitieron ayer para la firma del presidente Bush un presupuesto adicional para gastos bélicos por valor de 90.000 millones de euros, pero carente de ningún plazo o calendario de retirada de Irak. Un triunfo para la Casa Blanca y un significativo revés para la nueva mayoría de los demócratas en la colina del Capitolio que, al final, ha quedado atrapada entre el temor a ser acusados de abandonar a las tropas del Pentágono en combate y la carencia de las súpermayorías requeridas para imponerse sobre la capacidad presidencial de veto legislativo.
Al final, los demócratas se tuvieron que conformar con mínimos logros, más bien intrascendentes. Como exigir que la Casa Blanca remita al Legislativo informes periódicos sobre la marcha del conflicto. O incluir casi una veintena de requisitos concretos que, a corto plazo, debería lograr el Gobierno de Irak. Pero con la posibilidad de que el presidente Bush suspenda incluso esas condiciones sin que las autoridades de Bagdad sufran repercusiones negativas en toda la ayuda y asistencia prestada por Estados Unidos.
Los sectores críticos de la guerra en Irak, cada vez más respaldados en las encuestas de opinión, han calificado este consenso forzado -pero que ha terminado por generar amplias mayorías en el Senado (80-14) y la Cámara Baja (280-142)- como una vergonzosa capitulación e incapacidad para ejercer la autoridad del Congreso sobre el Ejecutivo. Reproches a los que los líderes del Partido Demócrata han respondido que se trata solamente de una complicación temporal en su declarado empeño por lograr una pronta retirada, en un conflicto que va camino de acumular 3.500 bajas mortales en las filas del Pentágono.
Por ahora, el gran pulso político planteado en Washington para terminar con la presencia militar de Estados Unidos en Irak quedará aplazado hasta septiembre. Para entonces se agotarán los fondos aprobados a última hora del jueves. Y también en septiembre, los comandantes del Pentágono en Irak tendrán que informar sobre los resultados obtenidos con ayuda de las 21.000 tropas de refuerzo ordenadas por la Casa Blanca.
El problema
Al final, esta votación resulta mucho más problemática para los demócratas que para los republicanos. Los conservadores respaldaron casi por unanimidad este presupuesto bélico en ambas cámaras. Pero los líderes demócratas vieron cómo una mayoría de sus correligionarios en la Cámara Baja han votado en contra, junto a un menor grupo de senadores disidentes en la Cámara Alta.
La propia 'Speaker' Nancy Pelosi se vio obligada a reconocer que el resultado obtenido en este pulso legislativo es más bien simbólico: «Se trata de un pequeño paso adelante cuando, en realidad, deberíamos dar un gran paso adelante». A modo de consolación, los responsables parlamentarios del Partido Demócrata han indicado que hace tan sólo unos meses hubiera sido impensable atreverse a plantear condiciones o reparos a la Casa Blanca.
Los dos principales candidatos presidenciales del Partido Demócrata con escaño de senadores, Hillary Clinton y Barack Obama, votaron en contra de esta partida presupuestaria. Para Obama, «este voto no es más que una alternativa entre la misma política fallida en Irak que nos ha costado tanto en vidas y exigir una nueva, yo demando una nueva».
Con el fin de hacer un poco más llevadero todo este trance, la nueva inyección de dinero bélico incluye 13.000 millones de euros para iniciativas domésticas que nada tienen que ver con las operaciones del Departamento de Defensa en Irak y Afganistán. Además de un incremento del salario mínimo federal hasta llegar en dos años a cinco euros por hora de trabajo.