Es cierto, el viajero que saliendo de Región pretende llegar a su sierra siguiendo el antiguo camino real -porque el moderno dejó de serlo- se ve obligado a atravesar un pequeño y elevado desierto que parece interminable». Con tan inquietante frase se inicia la que quizás sea la novela más sugerente de cuantas se publicaron en España en la segunda mitad del pasado siglo y con la que Juan Benet -hasta entonces un ingeniero de caminos, canales y puertos muy poco conocido dentro de los círculos literarios- empezaría a convertirse en uno de los escritores más influyentes de la reciente narrativa española.
Criticada ferozmente aún en nuestros días, 'Volverás a Región' supuso el nacimiento de un universo de resonancias casi míticas, el de la comarca que da título al libro, y la primera muestra de una suerte de 'grand style' patrio que su autor perfeccionaría en obras como 'Una meditación' o 'Saúl ante Samuel'.
Podríamos resumir su argumento en unas pocas líneas (el doctor Sebastián, que tiene a su cargo a un retrasado mental al que su madre abandonó de niño, conversa durante horas con una mujer que ha vuelto a la comarca en busca de un antiguo amor; cuando ésta se va, el deficiente, enloquecido al creer que la visitante era su madre y el doctor la ha dejado huir, asesina a su cuidador al mismo tiempo que se escucha un disparo en el bosque), pero así sólo hablaríamos de la mitad de la novela.
Porque en 'Volverás a Región' mucho más importante que lo que se dice es lo que se cuenta. La comarca benetiana, que muchos han identificado con los montes asturleoneses, encierra toda una metáfora de la ruina, la muerte, la decadencia, el olvido
El desgraciado destino de esa tierra y esa casa en las que «no se sabe de otra cosa que de la desesperación» esconde en realidad una concepción del hombre nada alentadora que Benet va mostrando sin mostrar a través de larguísimas descripciones y con una sintaxis endiabladamente enrevesada que desde la publicación de la novela ha venido poniendo en evidencia las carencias lectoras de ciertos intelectuales presuntos. Pruébenla sin miedo. Y disfruten.
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