Hacer de un poeta el protagonista de una novela es escribir un oda a la vanidad. Convencido de ello Julio Rodríguez (Oviedo, 1971), doctor en Psicología por la Universidad de Oviedo y director de la Escuela de Estudios Laborales, puso versos en la voluntad de Mario García, el personaje que ensancha vida en 'El mayor poeta del mundo', su primera y recién editada novela, aunque no la última. A 'El mayor poeta...' le sigue 'Moscas', que aún no ha encontrado (tampoco lo ha buscado) editor. «Agitador vocacional», por definición propia, capaz de hablar «como un político», si la voz sale de su despacho, finalista del Premio Planeta en 2003 y ganador del Vargas Llosa en 2004, autor de cuento y varios poemarios, Julio Rodríguez hijo volvió ayer a la actualidad literaria por presentar, precisamente, su primera narración. Lo hizo en la Universidad de Oviedo que gobernó su recordado padre, y le ayudó el también escritor Pepe Colubi.
-¿Decir que 'El mayor poeta del mundo' es una novela sobre la vanidad de los poetas es acertar?
-Claro que lo es. Todos estamos deseosos de admiración, pero los escritores más y los poetas muy por encima, son los más vanidosos. Si quería hablar de la vanidad tenía que hablar de un poeta.
-Hacer esa parodia es en su caso lo que se dice lanzar los dardos dentro de casa.
-Realmente sí , pero es que tenemos que reírnos de nosotros mismos, de nuestras carencias y de lo que somos. Pero, en realidad lo que cuento en 'El mayor poeta...' es una historia que le podía haber pasado a cualquiera. Contada esperpénticamente, eso sí, pero muy posible.
-Una historia de un escritor que lo ha leído todo, pero no ha vivido nada.
-Sí y quiere vivir. Lo cierto es que en el lugar en el que reside se siente un extraño, un ser muy superior al resto que acumula en su conocimiento toda la literatura escrita hasta 1955. Lo publicado después lo desconoce porque la biblioteca a la que accede no pasa de ese año. El caso es que se va a Madrid a demostrar, como dice el título que es, efectivamente, 'El mayor poeta del mundo'.
-Y fracasa.
-Se da cuenta de que la realidad no es como él soñaba. Además, no queda demasiado claro si aprende algo en ese viaje, aunque creo que al lector se le envía un mensaje muy claro, que la vanidad y el talento no siempre van de la mano.
-Dicen que todas las primeras novelas tienen mucho de quien las escribe.
-Esta no tiene nada de mí. Bueno lo quiero matizar. No es que no tenga nada de mí. Quiero decir que no es autobiográfica, pero es obvio que el protagonista es un poeta y también que le suceden cosas que me han podido pasar a mí a gente que yo conozco. Hay anécdotas en el libro que me han contado personas cercanas.
-¿Salda algunas deudas literarias?
-Bueno, el libro tiene su parte de crítica y se mete con el mundo literario. Es, en cierto modo, un poco punzante, pero no se dan nombres y no se advierte la identidad de nadie. Es bastante suave. Todo forma parte de la parodia.
-Hay muchas citas, muchos autores. ¿Son los que le han marcado?
-Algunos sí, pero otros son los que han marcado a Mario García, que tiene sus propias referencias.
-Hábleme de su segunda novela 'Moscas', (tercer puesto en el Premio Fernando Lara) ¿Prontó publicada?
-Es la historia de un ser marginal, un ex presidiario y nadie se ha interesado por ella en Asturias y yo no he tenido tiempo de buscar editor.
-Parecía que últimamente era más fácil editar que antes.
-Es un mundo con sus propias reglas y con mucha gente que escribe francamente bien y está todavía en la sombra. Lo cierto es que entiendo que sea difícil.
-Su otra pasión es la investigación. ¿En qué está ahora?
-Es cierto me encanta investigar en el campo de la psicología social. Lo malo es que no disfruto tanto de escribir los artículos científicos. Es lo contrario de la escritura creativa y me cuesta muchísimo.
-¿Y en su despacho de la Escuela Universitaria, cómo le va?
-Llevo muy poco tiempo, pero estoy contento, queriendo hacer muchas cosas, intentando que se de a conocer la Escuela. Esto es totalmente diferente. Aquí hablo como los políticos.
-«Nosotros procuremos la calma, que la urgencia ya se ocupa del tiempo». Es una bella sentencia suya, ¿la sigue?
-Hasta hace poco sí. Ahora estoy en tantas cosas que no puedo detenerme, aunque si haces lo que te gusta, no importa.