Mónaco invoca al esparcimiento. Es la serena llamada de la 'charme', el señuelo francés que se traduce por el encanto y la fascinación hechicera. Las gentes de la Fórmula-1 se divierten en el Principado, impulsadas seguramente por la ausencia de estrés que se respira en la cala. Los policías no ordenan por lo estridente, sus habitantes sonríen y el claxon es
un elemento decorativo en los coches. Gusta la fiesta, como el sarao que montó AmberLounge en un hotel con la asistencia del Príncipe Alberto, Bernie Ecclestone, Flavio Briatore, Fisichella, Kovalainen y, sobre todo, la espectacular Petra Nemcova, la modelo checa que perdió a su novio en el tsumani asiático y sobrevivió al sujetarse a una palmera. Nemcova, la 'charme' de Mónaco.
Se divierten los pilotos aunque rezonguen sobre la falta de seguridad, el estrecho pavimento o los raíles que, como ayer, destrozaron el bólido de Raikkonen. Celebra el público la estampida de los monoplazas que pasan como balas junto a muros de piedra blanca, desconcertantes badenes y desniveles estratosféricos en la calzada. Es fácil inspeccionar el escenario laboral de los pilotos: todos los viernes previos a cada carrera anual.
Una licencia popular para el más sibarita de los certámenes. Gracias a eso se puede comprobar cómo hay una tienda de 'todo a cien' en el célebre túnel del circuito. O cómo el tramo que baja hacia el subterráneo es el descenso del Tourmalet en miniatura. O cómo, efectivamente, falta ángulo de cámara para captar toda la cubierta de algunos de los yates atracados en el puerto.
Alonso, el que más
Disfrutan todos. Y anteayer el que mejor se lo pasó fue Fernando Alonso, un famoso refractario al oropel. Mientras en la fiesta de los vips se procedía a subastar cuadros, relojes y joyas a 50.000 euros del ala, el asturiano jugaba al tenis con unos amigos. Sin despegarse un milímetro de un estilo de vida que le reporta indudables beneficios, ayer consiguió su primera 'pole' con McLaren.
Lo hizo en un sábado complejo, desubicados equipos y pilotos ante la intermitencia del tiempo. Siempre resultan más influyentes las condiciones meteorológicas que los reglajes, evoluciones y demás en la confrontación directa entre favoritos. Llovió en Mónaco al comienzo de la clasificación y en el público despertó el recuerdo de Senna, el genial brasileño inigualable con agua en la pista, y también sin ella.
Cae mal la lluvia en este santuario, aparente remanso de sol, yates y bikinis. Tampoco gusta a sus eminencias los conductores, toda vez que acrecienta los riesgos de un trazado ya de por sí peliagudo.
Venía el día con un aire incierto, lo mejor que se puede decir de una carrera de Fórmula-1. Y en esa dinámica llegó la intervención de Kimi Raikkonen, siempre puntual a la hora de llevar velocidades al límite. Pendientes todos los ojos del duelo entre Alonso y Hamilton, el finlandés cometió un error fatal. Raspó con la rueda derecha uno de los raíles en la curva de la piscina. El mínimo fallo de cálculo, que sólo sería un rozón en un coche de calle, destrozó el tirante de la suspensión de la rueda derecha de su Ferrari. Conclusión: Raikkonen terminó aparcando en la misma curva donde el ex, Michael Schumacher, cerró el paso a Alonso el año pasado y fue severamente castigado por ello. Salió el último por hacer trampas. El cuadro se completó con un doble-doble: Massa pasaba por allí y no encontró hueco. También tuvo que frenar y parar en paralelo frente a la ventana trasera de la sala de Prensa, donde las cámaras de fotos traqueteaban sin compasión.
Raikkonen no volvió a pista y hoy saldrá muy lejos de Alonso: decimoquinto. Fue un día enteramente McLaren. Hamilton partirá hoy segundo. Los chicos de
Dennis amansan así a Ferrari, autor hasta ayer de cuatro 'poles'
consecutivas (tres de Massa, una de Raikkonen) en este Mundial tan ajustado. ENVIADO ESPECIAL SIGA EL MUNDIAL
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