Lunes, 28 de mayo de 2007
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GIJÓN

AL AIRE
Honorario
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ES uno de los pensadores más significativos de la Escuela Peripatética de Caleya, a la vez que uno de sus fundadores y el que bautizó así a la reputada institución filosófica. Esto último lo hizo tanto en recuerdo de la famosa escuela creada por Aristóteles en Atenas, en la que enseñaba a los discípulos mientras paseaban, como por el hecho de que al final de las caminatas los sesudos paseantes dan siempre buena cuenta de un 'pitu caleya' preparado de todas las formas posibles: al horno en su propio jugo, al maíz, con 'arbeyos', con patatas, al estilo Cabañaquinta, con arroz...

Hablo, claro está, del llamado Fartón, el Epicuro de Gozón, que acaba de ser nombrado miembro honorario de la ATUFA (Asociación de Tragones Ufanos de Fabada Asturiana). Aunque nuestro hombre esquiva su participación en actos sociales y es un firme convencido de que todas las pompas son fúnebres, en esta oportunidad asistió con suma complacencia al homenaje que le dispensaron en la sede del colectivo mentado, ubicada en el valle maliayo de Peón. Como no podía ser de otra manera, el plato fuerte del acto fue una fabada:

«Esti ye un Platón bastante más sabrosu y alimenticiu que'l mi colega griegu», comentó el homenajeado, quien también hizo gala de su erudición:

«La referencia más antigua a nuestro suculento plato es un anuncio aparecido en el decano y mejor periódico de Asturias, EL COMERCIO, allá por el año 1884, cuando una tal Justa la Bartola lo ofreció en la romería de Granda 'a fin de que los deseos del público tengan cumplida satisfacción y sus parroquianos no sean objeto de explotaciones'».

Explotaciones no hubo en este caso, pero sí explosiones: las de las ventosidades expelidas por los satisfechos comensales durante una larga sobremesa. Claro que también exhibieron sin pudor ni rubor su condición de cerdos de la epicúrea manada por los más variopintos derroteros, sin que faltara el poético: «... Quiciaves con padielles i xamones, / adobu d'entrepuestu i los llacones / na masera salando, i fartuquicu / de potaxe i torrendos, tas al pelu: / con bona sidre llimpies el gargüellu, / con la manga, si quies, llimpia'l focicu», rezaban las últimas estrofas del soneto recitado en lengua vernácula por el rapsoda Monchu el Liras.

 
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