Ya no es necesario esconder bocadillos de jamón en el bolso cuando se visita a un enfermo, ni intentar arrebatar al compañero de habitación unas natillas para darse un capricho. La puesta en marcha del 'menú opcional' ha contribuido a mejorar la estancia de los pacientes en el Hospital de Cabueñes y conseguir que los usuarios tengan voz en las cuestiones culinarias. Una medida que afecta a los enfermos sin restricciones de dieta -aproximadamente el 25%- y que posibilita la elección de dos primeros platos, dos segundos y el postre.
Hasta el pasado martes, las personas hospitalizadas se tenían que conformar con lo que se les incluyesen en la típica bandeja blanquiazul. Como las lentejas, 'si no las quieres las dejas'. Ahora, un equipo de dietistas recorre a pie de cama el hospital para apuntar las preferencias de los enfermos para el día siguiente.
«De dos a cuatro de la tarde los profesionales preguntan uno a uno a los pacientes sobre la comida que desean para el día siguiente; les dan a escoger el menú del mediodía y el de la noche», explica Juan José Alonso, subdirector de Gestión del Hospital de Gijón.
Los datos se recogen en una agenda electrónica y se descargan en un ordenador central, que gestiona los menús que se elaborarán en la cocina. Cada paciente tiene un número y cada número una bandeja. Para que no haya lugar a la confusión y un enfermo reciba una comida que no había solicitado, una dietista controla las bandejas para que todo llegue según lo estipulado a las habitaciones.
Laura González es la especialista que recoge los gustos de los usuarios y posteriormente vigila la cinta de emplatado. «Se comprueba que los platos lleven lo que se escribe en la comanda», explica. Para ella, igual que para el resto de dietistas, la forma de trabajo ha cambiado sustancialmente. «Antes elaborábamos los menús para que cumpliesen los parámetros nutricionales y ahora, además, tenemos un contacto directo con los pacientes», afirma.
Opcional
La puesta en marcha del 'menú opcional' llega en torno a 70 pacientes en cada jornada. Los gustos están bastante repartidos. «Por el momento no hemos notado rechazo a ningún plato en especial, aunque sí se aprecia que se prefieren los postres dulces a la fruta y que la ensalada triunfa al mediodía», apunta Juan José Alonso.
Como en un restaurante, desde hace una semana los pacientes puede escoger, por ejemplo, entre lentejas y caldo de puerros de primero; y entre carne guisada y croquetas de pescado de segunda opción. Ese día, ningún alimento triunfó por encima del otro. «Está la cosa bastante repartida y se han dividido casi al 50% las preferencias», dice el subdirector de Gestión.
Con la puesta en marcha de la nueva iniciativa, ha variado sustancialmente la forma de trabajo. Se ha aumentado la plantilla de trabajadores en las cocinas, que ronda las 50 personas. Una de esas empleadas es María Fernández, que lleva 25 años entre los fogones del centro hospitalario gijjonés. A la pregunta de si ha cambiado mucho la forma de trabajar desde los años 80 lo tiene claro. «Muchísimo, antes había menos menús para elegir y además se subían las cacerolas a las plantas para echar la comida directamente a los platos de los enfermos».
En el Hospital de Cabueñes se elaboraron en 2006 un total de 139.001 menús. Esa cifra se mantendrá previsiblemente a lo largo de este año pero la variedad de platos se multiplicará por dos en el presente 2007. El nuevo reto al que se enfrenta la gerencia es «conseguir retardar un poco el horario de las comidas».