Entre palmas, vítores, salves y 'vuelos' de niños a manos de los costaleros la Virgen del Rocío recorrió ayer las calles de la pequeña aldea almonteña. Todo había empezado a las 3.02 horas de la madrugada cuando los romeros, sin esperar a que el Simpecado de la Hermandad Matriz llegara al altar del Santuario, protagonizaban el ya tradicional 'salto de la reja' para emprender la procesión. 'Salto' que sorprende a los más profanos por el arrojo de los peregrinos.
Decenas de miles de personas -las previsiones para este año eran de un millón de visitantes, cifra ligeramente inferior a la de la pasada edición- esperaban el momento cumbre de acercarse a la 'Blanca Paloma' e iniciar en la hermandad de Huévar (Sevilla) el habitual recorrido ante las 105 hermandades filiales.
«Esto hay que vivirlo»
A las 13.30 horas, tras más de diez horas de camino, la Virgen finalizaba ese recorrido y volvía a su Santuario. Atrás quedaba todo un abanico de momentos de pasión, fervor y miles de emocionadas Salve a su paso. Porque como bien decía ayer, a su final, una peregrina: «esto hay que vivirlo».
La llegada de la Virgen a primeras horas del día a la casa de la Hermandad de Huelva y la petalada de rosas desde uno de los balcones de la casa de la Hermandad Matriz de Almonte, unas horas más tarde, fueron algunos de los momentos más inolvidables para cualquier romero. Con el repicar de la campana de la ermita, anunciando la entrada de la 'Blanca Paloma', a su templo concluía la romería. Las hermandades comenzarían luego, de forma progresiva, a abandonar la aldea para realizar un camino de vuelta a Huelva, Sevilla y Cádiz. Un camino que conocen muy bien, cansados, pero satisfechos.
Tan sólo 45 personas necesitaron ser atendidas en este Rocío, que mueve a tanto peregrino. Desvanecimientos, contusiones y heridas leves fueron las causas principales.
Un mal menor para quienes su integridad física no tiene casi valor con tal de llevar a hombros la imagen de la Virgen. Ahora, tendrán que esperar todo un año para volver a tocar a su 'Blanca Paloma'.