Martes, 29 de mayo de 2007
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GIJÓN

AL AIRE
Quevedescos (I)
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QUIENES no crean en las cosas de ultratumba, absténganse cíe leer las líneas subsiguientes, o, en caso contrario, no me vengan luego con reclamaciones... (Un suponer: «No pude pegar ojo en toda la noche, así que me debes 8 horas de sueño».)

El caso fue que un tertulio alabó el aspecto físico del veterano Dalmacio el Cínico:

«Y eso que yes más vieyu que La Colegiata, jodío», puntualizó el alabador. El aludido aclaró luego a los que se interesaron por su buen estado de conservación:

«Si no hice un pacto con el diablo para lograr la eterna juventud, no fue por falta de ganas sino por la sencilla razón de que soy un desalmado y no tenía un alma que ofrecer a cambio. Lo que sí hice fue no seguir unos consejos quevedescos: para no encanecer, muérete cuando muchacho o recién nacido; para no envejecer, ándate al sol en verano y al sereno en invierno, no tengas paz con tus huesos, púdrete de todo, no descanses de día ni de noche por andar en lo que no te va, ni te viene: que como ésta no es vida para llegar a viejos, conseguirás el no serlo».

Al apodado Casacites -ese pésimo acreedor dada su memoria elefantina- se le iluminó el rostro por venírsele a la lengua una lectura reciente, la muy excelente novela histórica de Néstor Luján titulada 'Decidnos, ¿quién mató al conde?'.

«Es una, lástima que el grandísimo Francisco de Quevedo no forme parte de nuestras tertulias, dado que su gran erudición, su gracia y la agilidad de su espíritu, hacía que pudiera hablar de todo. Personaje que fue prosista supremo, filólogo erudito, hagiógrafo moralista, filósofo, teólogo, tocado a veces con unos ramalazos de inmoralidad, aunque justo es decir que don Francisco era tan desabrido con la pluma como cortés y educado en el trato».

Fue entonces cuando Sibila, la bruja del Natahoyo, dejó boquiabiertos al resto de contertulios al afirmar que ella era capaz de utilizar sus facultades telepáticas para comunicarse con el pensamiento de Quevedo esparcido por el éter y el más allá.

«¿Qué grande yes!», exclamó uno de los presentes.

«Yes... it's», confirmó ella, políglota e inmodesta. Mañana podrá comprobar el curioso lector la capacidad telepática de la bruja. Continuará...

 
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