«Esta historia es como la de los hijos secretos que le salen a Julio Iglesias». José Ramón Suárez del Otero, marqués de Falces, no ha perdido el sentido del humor, algo que tampoco extraña en alguien que acaba de recibir 1,6 millones de euros. Se los ha pagado la Junta de Castilla y León por la 'Tizona', en posesión de su familia desde «tiempos inmemoriales». La espada de El Cid nunca estuvo en su casa, pero primero su tío, después su madre y luego él han tenido la titularidad del arma como titulares del Marquesado de Falces, aunque la pieza estuviera custodiada en el Museo del Ejército de Madrid.
-La espada definitivamente ya no es suya, pero ahora se pone en duda que lo fuera algún día.
-Así es y lo cierto es que estoy muy sorprendido. Esto es de un oportunismo increíble, casi no merece ni comentario. Mi tío murió hace 18 años y hasta ahora nadie se había acordado jamás de la espada hasta que empezaron a salir números, hasta que se conoció su precio.
-Pero su tío les desheredó.
-Mi tío decidió dejar su herencia a Salustiano Fernández, sí, su lazarillo durante años, y nosotros, su familia, jamás nos opusimos a eso.
-¿Nunca impugnaron aquella herencia?
-Jamás, fue para ellos y nosotros encantados, pero la espada no formaba parte de la herencia. Hay testamentos y testamentos y testamentos de mis antepasados que dejan muy claro que la espada va con el título.
-¿Existe alguna denuncia? ¿Le han reclamado la espada judicialmente?
-Eso es lo más sorprendente. Ni se han dirigido a mí, ni a mis abogados en ningún momento. La denuncia no es tal denuncia son unas declaraciones en los medios de comunicación. No tiene ninguna base, ningún fundamento jurídico. Es incomprensible y todo sale, creo, de un yerno de Salustiano, que debe ser ya muy anciano. Qué pena, Salustiano era una magnífica persona, debe de estar avergonzado.
-¿Qué pasó para que su tío se fuera con una familia que no era la suya y cambiara Madrid por Gijón?
-Mi tío vivió con nosotros 40 años. Él no tenía medios hasta que murió mi abuela y heredó. Entonces, de mutuo acuerdo, le dijimos «quédate en la casa, que nosotros nos mudamos». No hay que olvidar que era ciego e hicimos eso para no cambiarle de entorno, para no desubicarle.
-¿Y su tío se quedó con Salustiano Fernández?
-Sí, era su lazarillo, vivía con él y con su mujer y mi madre se ocupó de que a una hija suya no le faltara nada. A mi madre toda esta historia le ha costado lágrimas de sangre. Le puedo decir que casi afortunadamente mi madre ya ha fallecido, porque todo esto le hubiera parecido demasiado.
-¿Perdieron relación con su tío cuando se vino a Gijón?
-Poco a poco sí, era como si esa familia lo pusiese en nuestra contra por la herencia, presuntamente, claro, porque hay que tener cuidado al hablar.
-Propiedad al margen, usted ya ha vendido la 'Tizona'. Y ahora dice el Ministerio de Cultura que es falsa.
-Esto es aún más increíble. El Ministerio de Cultura llegó en 2003 a un acuerdo con mis abogados para comprarla por 1,5 millones de euros. Cambió el Gobierno y, donde dije digo digo Diego, y eso que la persona con la que se llegó al acuerdo sigue siendo hoy subdirector en el ministerio: Luis Lafuente.
-¿Y qué pasó?
-Llegaron los socialistas y me llegó una carta impresentable de la ministra Calvo, que decidió que era del siglo XIV cuando un estudio muy serio encargado por el propio Museo del Ejército había dejado claro que era del XI.
-¿Por qué la compra la Junta de Castilla con tantas dudas?
-No hay dudas. Lo del Ministerio de Cultura no es más que deslealtad. Deslealtad a la espada, deslealtad a mí, que me están llamando poco menos que mentiroso, y desealtad al Museo del Ejército y por tanto al Ejército español, que la ha custodiado durante 60 años sin poner en duda que era la espada de El Cid.
-¿Cuándo se decidió a venderla?
-Uff, hace mucho tiempo. En 1999 creo que empezaron las negociaciones.
-Y decidió hacerlo por dinero, claro.
-(Risas) Pues no se crea que entre impuestos y las minutas de los abogados me va a quedar poquito para mí. He tenido ofertas mejores, espectaculares.
-¿Cuánto de espectaculares?
-Mucho, pero, aunque esté mal que me eche flores a mí mismo, no la vendí porque me parecía demasiado mercantil todo. Yo no quiero ver la espada de mis antepasados en el escaparate de un centro comercial.
-Va a verla en la catedral de Burgos.
-Sí, se expondrá allí, junto a la tumba de El Cid, y ese es realmente su lugar.