Martes, 29 de mayo de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

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La última batalla de El Cid
Burgos acaba de adquirir la 'Tizona' mientras el Ministerio de Cultura dice que es falsa, un estudio de la Universidad de Oviedo la autentifica y un gijonés reivindica su propiedad
La última batalla de El Cid
EL CID. Ilustración de don Rodrígo Díaz de Vivar antes de abandonar las tierras de Castilla. Arriba, la 'Tizona' que se conserva en Burgos.
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La 'Tizona' de El Cid libra estos días su última batalla. Lo hace diez siglos después de llevar el terror a sus enemigos y expander los dominios castellanos y lo hace sin siquiera mover el filo. La pieza, convertida ahora en una joya de museo, se ve envuelta en una doble polémica, casi un culebrón, en el que, primero, se pone en duda su autenticidad y, después, quién es su verdadero dueño. O viceversa. El Ministerio de Cultura cree que la espada que hoy se conserva y que acaba de adquirir la Junta de Castilla y León por 1,6 millones de euros es falsa; la Junta, claro, opina lo contrario. Y ahí, claro también, está de acuerdo con su hasta ahora propietario, José Ramón Suárez del Otero, marqués de Falces. Pero hay más, una familia gijonesa reivindica la titularidad del arma, son los descendientes del hombre de confianza del fallecido marqués de Falces, tío del actual, el mismo que fue nombrado heredero de su fortuna a su muerte, hace ya 18 años.

Salustiano Fernández, que así se llama el empleado, acompañó durante años al marqués, de nombre Pedro Velluti, ciego y enfermo, que pasó también buena parte de su vida con su hermana, la madre ya fallecida del actual marqués. Velluti vivió primero con ella en Madrid y después con Salustiano y su mujer. Con ellos se trasladó después a Gijón, a un piso de la calle Cabrales, donde pasó sus últimos años. A su muerte, dejó la herencia a sus sirvientes, pero no su título, que pasó primero a su hermana y después a su sobrino.

Y ahí está justamente el quid de la cuestión, el sobrino y propietario legal de la 'Tizona' sostiene que la espada «no es parte de una herencia porque nunca lo ha sido, está estipulado, testamento tras testamento tras testamento a lo largo de la historia de mis antepasados que la espada va con el título».

Evidentemente, no es lo que opina la familia de Salustiano Fernández que, eso sí, «no ha interpuesto jamás ninguna denuncia, como nosotros tampoco impugnamos jamás aquel testamento en el que les donaba sus bienes». Y hace de todo esto cerca de veinte años.

El caso es que al margen de la polémica sobre quién es su dueño, la 'Tizona' también está envuelta en otra, la de su procedencia. La Junta de Castilla y León ya ha montado en cólera después de que la ministra Carmen Calvo asegurase que la pieza es falsa. La consejera autonómica, Silvia Clemente, del PP, no dudó en afirmar que «al ministerio le ha entrado un ataque de cuernos» y la polémica ha derivado en bronca política.

El problema es que «la espada no tiene un código de barras» que certifique su autenticidad, resume el director del Museo de Burgos, Juan Carlos Elorza, sorprendido por la reacción del departamento dirigido por Carmen Calvo.

La pieza llevaba desde 1994 expuesta en el Museo Militar de Madrid. En 2003, cuando era ministra la popular Pilar del Castillo, fue declarada Bien de Interés Cultural. Entonces, el actual marqués de Faces negoció su venta al ministerio. De hecho, según él mismo asegura, llegó a un acuerdo en aquel año para recibir 1,5 millones de euros por ella. Pero el Gobierno cambió de signo y el acuerdo quedó invalidado.

Informes contradictorios

Fuera por la razón que fuera el caso es que ahora Cultura afirma que no hay datos fiables que lleven a confirmar que esta espada fue la que blandió El Cid en sus batallas al servicio o no de Sancho II. Para ello, se apoya en cuatro informes realizados por Patrimonio Nacional, el Museo Arqueológico Nacional, la Real Academia de la Historia y el experto de la armería de Ginebra José Godoy, que fechan la espada en el siglo XV y no en el XI. Según fuentes ministeriales, la pieza, «de alto valor histórico», vale entre 200.000 y 300.000 euros ya que de su tipo sólo existen cuatro en España, una de ellas en Granada, que perteneció a Fernando el Católico.

Sin embargo, otro estudio, firmado por el departamento de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Universidad Complutense de Madrid y dirigido por el profesor Antonio José Criado, sostiene que la hoja se forjó en el siglo XI en un taller andaluz. El informe fue realizado en 1998 en colaboración con la Universidad de Oviedo y, según el despacho de abogados de José Ramón Suárez del Otero, Uría y Menéndez -fundado por el presidente del patronato del Museo del Prado, el asturiano Rodrigo Uría- deja bien a las claras la procedencia de la 'Tizona'. Suárez del Otero reconoce, no obstante, que «la empuñadura es posterior, del siglo XIV, pero eso nunca lo he negado».

Esta pieza, «falso histórico» según Cultura y la espada de El Cid según la Junta de Castilla y su ya ex propietario, será expuesta este verano en la catedral de Burgos dentro de una muestra por el octavo centenario de la publicación del 'Cantar de mio Cid'. La 'Tizona' se exhibirá en un lugar privilegiado junto a la tumba de don Rodrigo, cuyos restos están allí desde 1921 junto con los de su esposa, doña Jimena, por cierto del linaje de los Álvarez de las Asturias de Noreña. De momento, la 'Tizona' se guarda en el Museo de Burgos como una verdadera reliquia.

Sea o no sea la espada verdadera y pertenezca a quien pertenezca lo que parece claro es que el espíritu combativo del caballero Díaz de Vivar, uno de los grandes 'superhéroes' de nuestra historia, sigue tan vivo como siempre. Aunque sea en su espada. Aunque no sea suya. El hombre desterrado, el que conquistó con un puñado de hombres buena parte del oriente español, el que ganó batallas hasta muerto, sigue dando guerra.

 
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