SE publica el libro que su autor, tras largos años de minorías y heterodoxias, mucho se merecía: 'Vila Matas portátil' (Candaya Editorial). Se trata de libro y película/DVD, en charla Vila-Matas/ Juan Villoro, ambos enfermos de literatura y teóricos sobre los enfermos de literatura, en el barcelonés Café Bauma. Vila-Matas siempre ha dicho y lo dice en la película: «Si la condición primera sería que la obra de uno cogiese en una maleta. La segunda condición indispensable para el escritor sería aquella de funcionar como una máquina soltera». Locura, abatimiento, comicidad, ternura, fanatismo: es lo que rezuma este DVD con aire de puñal o frío sol de invierno. El homenaje que el maestro, un poco mal de salud, se merecía.
Respecto al texto: tenemos aquí todos los entresijos de la obra vilamatiana; una de las más coherentes y agresivas de la última literatura española. La obra mágica de aquel que decidió ser escritor para aislarse; en primer lugar, de la familia, y en segundo lugar de la familia universal, que es todo el mundo. Una intensa obra (Bartleby y compañía, El mal de Montano, Doctor Pasavento, París no se acaba nunca, Impostura, etc) en la que escribir sería siempre «hacerse pasar por otro» y, en segundo lugar, a un nivel más drástico, impregnar la obra artística de formas mestizas: diario, ficción, novela, etc. Un género mestizo, como los tiempos actuales, en los que la única forma válida y vertical, siguiendo a Walter Benjamín, sería el collage. Pequeño dúo Vila-Matas/Javier Marías, a la mitad de la película documental, en el que ambos representan el mayor y brillante de los individualismos de la actual literatura española, siempre a su aire, y siempre en algo todavía más complejo, que eso sería «su propio tempo narrativo». Una forma de vida -la literaria- siempre en exceso.
Incansable bebedor de las noches tristes, rebelde con causa en París, desde cuya Torre Eiffel, colgado de ácido, quiso asesinar a una de sus novias, Vila-Matas no puede ocultar su genialidad y su pleno carácter de Sol Negro de nuestras letras. Ahora, sí, gracias al canto de las dríades del bosque y los milagros: miles de traducciones del autor, éxito rotundo, coqueteos con la figura del Nobel. Puro y desbocado arte de la insolencia.