Miércoles, 30 de mayo de 2007
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GIJÓN

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«Llegó a salir al descansillo»
Los vecinos afirman que al percatarse del incendio la fallecida pidió auxilio, aunque luego entró de nuevo en el piso
«Llegó a salir al descansillo»
DESALOJO. Una mujer, en bata y zapatillas. / BILBAO
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Como cada día, compró una barra de pan y se dirigió a la casa en la que trabajaba como asistenta. Había pasado una mala noche y, por eso, telefoneó a Inés para decirle que se iba a retrasar. No volvió a ver con vida a la anciana. Poco antes de las once de la mañana, Blanca, de origen sudamericano, llegaba al Muro. Desde lejos vio que el portal al que se dirigía estaba tomado por ambulancias, bomberos y policías. En ningún momento se imaginó el alcance de la tragedia.

Fue una vecina la que la avisó de lo ocurrido, pocos minutos antes de que los trabajadores de la funeraria sacasen del inmueble el cuerpo sin vida de la fallecida. Blanca no quiso ni mirar. Con lágrimas en los ojos contaba por teléfono lo ocurrido a una persona allegada a la familia, mientras se culpaba por no haber estado en el piso para evitar el suceso.

«Telefoneé a Inés a las nueve menos cuarto y le dije que iba a llegar un poco más tarde, porque había estado toda la noche vomitando y me encontraba mal», relata. Blanca achaca lo sucedido a «la mala suerte, porque es mucha casualidad que para un día que yo vengo tarde ocurra esta tragedia, es una pena porque era una buena mujer».

La asistenta estuvo arropada por vecinos y por allegados a la familia de la víctima, quienes intentaron quitarle el sentimiento de culpabilidad a la mujer, que presa de los nervios agarraba con fuerza la barra de pan que tenía como destino la cocina en la que encontraron muerta a Inés del Lago.

«Es una pena, es una pena porque era de las vecinas que más tiempo llevaba en el edificio y que nunca había dado ningún problema. Al contrario, era una mujer encantadora que por problemas de salud llevaba cinco años sin salir de su casa, aunque siempre tenía muchas visitas», explicaba Carmen, «otra de las históricas del edificio», como ella misma se define.

«Intenté agarrarla»

Las inmediaciones del portal se convirtieron en un hervidero de comentarios. Los vecinos de descansillo de la fallecida aseguraron que la mujer había salido de su domicilio, cuando el incendio ya había comenzado, para pedir auxilio. Solo un hombre, propietario de un bar ubicado en los bajos del inmueble, abrió la puerta de su casa y comprobó que la mujer estaba en el descansillo. «Cuando la vi intenté agarrarla para bajar las escaleras, pero justo se metió otra vez en su piso y cerró la puerta. Piqué varias veces a la puerta pero ya no abrió, fue entonces cuando llamamos a la Policía», asegura el vecino. Otra de las inquilinas de la planta octava asegura que oyó el timbre de su puerta pasadas las nueve, «pero pensé que era el chófer de mi marido, no pensé que pudiera haber sido ella», comenta.

A las doce del mediodía, los vecinos pudieron volver a sus casas. Los inquilinos de los pisos superiores salieron de la vivienda en la que permanecían resguardados y los que estaban en la calle fueron subiendo por las escaleras a sus domicilios. Los daños materiales de los pisos colindantes se limitaron a las manchas causadas por el humo. La preocupación del mediodía se centraba en la búsqueda de un gato que se había escapado de un piso de la planta número 11.

 
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