A raíz de que el apodado Casacites realiazara una breve semblanza del inconmensurable Francisco de Quevedo, para luego añadir su deseo imposible de que formara parte de la tertulia («puesto que su gran erudición, su gracia y la agilidad de su espíritu, hacía que pudiera hablar de todo»), intervino Sibila, la bruja del Natahoyo, quien dejó boquiabiertos al resto de contertulianos al manifestar que ella era capaz de comunicarse telepáticamente con el pensamiento del genial Quevedo esparcido por el éter y el más allá.
Como quiera que aquella tertulia se estaba celebrando en una sidrería, y los participantes en la misma daban buena cuenta de reaciones varias en plan celebración de algo tan sencillo como el hecho de hallarse vivos un día más, el tertulio especialista en asuntos culinarios Farturo Farias abrió la brecha de la conexión telepática al solicitar la opinión quevedesca sobre el asunto de las dietas. La bruja potenció la concentración apretando las sienes con las manos antes de caer en un breve trance del que despertó con los ojos en blanco, y dijo con voz de ultratumba, ronca y sibilante:
«Yo estoy en contra de los médicos que nos fatigan con la dieta. Bien se dice que los médicos pueden matar y nos matan sin temor y a pie quedo, sin desenvainar otra espada que la de sus pócimas y no se pueden descubrir sus delitos, porque al momento nos meten bajo tierra. Escuchad este fragmento de un soneto que escribí sobre un enfermo que se burla de las dietas:
Hijo de puta, dame acá esa bota: / bebéreme los ojos con las manos / y túllanse mis pies de bien de gota. / Fríeme retacillos de marranos; / venga la punta y tárdese la flota: / sorba yo, y ayunen los gusanos».
Por ser tan intento el desgaste físico e intelectual de los trances telepáticos, Sibila sólo concedió una conexión más con el espíritu quevedesco. Un tertulio se interesó por la opinión que le merecían los políticos actuales, y ésta fue la respuesta:
«Los de cualquier época guardan grandes semejanzas, y por tal menesteres nos hallamos en el trance de que se pueda generalizar, pero no se debe. Esto dije entonces y me reafirmo: Quien gatea por la lisonja, y trepa por la mentira, y se empina sobre la maña, y se encarama sobre los cohechos, éste que parece que viene dando, a robar viene».